
Aunque se estima que a la semana, por lo menos 26 iglesias del país padecen robos de arte sacro, según cifras del Centro Católico Multimedial, el Instituto Nacional de Historia y Antropología (INAH) no cuenta con un registro nacional de bienes en recintos religiosos, a pesar de que desde hace 15 años se trabaja en ello, reconoció en entrevista con La Razón, Diego Prieto, titular de la dependencia.
“El registro se trabaja por lo menos desde hace 15 años, pero hemos laborado de manera muy fragmentaria en algunos recintos; espero que con la colaboración de asociaciones religiosas, concretamente la Conferencia Episcopal y de apoyos como el Programa Memoria Histórica y Cultural de México, podamos tener un esquema para trabajar fuerte en un registro más continuo de los bienes muebles”, señaló Prieto.
De 2006 a 2018 se tiene un registro de 156 denuncias relacionadas con el robo de arte sacro u objetos religiosos, de acuerdo a cifras del INAH. Además, el Centro Católico Multimedia calcula que 42 por ciento de los hurtos lo hacen “profesionales” del crimen organizado, especializados en el robo de este tipo de piezas.
El más reciente caso fue hace un par de semanas, aseguró Diego Prieto: “estuvieron expertos del INAH Jalisco, en Puerto Vallarta, para cerciorarse de que traficantes de distintas cosas ilícitas tenían un cuadro del siglo XVIII, ya está dictaminado y se les incautó. Andamos tras la pista, con el mismo grupo, de otros objetos”.
El sacerdote Armando Ruiz Castellanos, director de Proyectos de la Comisión de Arte Sacro en México, señaló que si bien se cuenta con inventarios, no existe una coordinación: “un registro de todas las obras es lo que haría falta. Hay catálogos no solamente del INAH, sino también de la Dirección de Sitios y Monumentos, de hace 30 años o más, se hizo bastante catalogación de inventarios de bienes muebles, y luego la cuestión es que esos inventarios dónde se quedan, quién los revisa periódicamente, cómo se traspasan; hay un problema de personal, de organización”, refirió en entrevista con La Razón.
Una de las principales problemáticas de no contar con un catálogo homologado es que el robo de una pieza no se detecta a tiempo o al momento de hacer la denuncia ante la Fiscalía General de la República, no se cuenta con la información necesaria.
“Ni siquiera hay conciencia, de repente la gente dice ‘aquí hace falta una imagen’ porque tampoco es que sea una cosa muy vistosa. Sí, es como un robo hormiga; otras veces, sí son cosas más glamorosas; por ejemplo en la iglesia de Acolman hace años robaron las pinturas de un retablo”, señaló.
Y agregó: “sí hay instrumentos que están previstos, la Iglesia tiene legislación, en la Comisión de Bienes Culturales de la Iglesia han sacado instructivos, directorios”.
Entre estos esfuerzos por mitigar los robos de arte sacro y contar con un inventario preciso, por ejemplo, desde hace cinco años la Arquidiócesis arrancó el Proyecto Custodia, un sistema catalogación en línea de objetos que albergan las 19 mil recintos religiosos históricos que existen en el país, pero sin avances. El año pasado, también el CEM publicó el documento Protocolos Básicos de Seguridad Eclesial, el cual incluye un apartado dedicado al resguardo de piezas.
Por parte del INAH, “en la Policía Federal se dieron cursos para constituir la Unidad de Tutela del Patrimonio Cultural de México. Ahora que la gendarmería se va a integrar a la Guardia Nacional estamos en pláticas con la Guardia para la consolidación de este organismo especializado en la prevención de delitos relacionados con el patrimonio cultural”, destacó Prieto.
