![]() |
|

El verano sigue siendo un desafío para los europeos. La devastadora ola de calor que se registra desde hace semanas, infligió ayer temperaturas peligrosas para la vida en Viejo Continente, al romper récords históricos en varios países.
Este jueves, las temperaturas en París alcanzaron 42.6 grados centígrados por la tarde, según el reporte del Servicio Meteorológico Nacional, registro que rompió con la marca de 40.4, que se reportó en 1947.
“El infierno” comenzó el pasado miércoles en Bélgica, Países Bajos y Alemania, donde inició la ruptura de récords. Los mismos registros fueron inmediatamente derribados ayer, cuando las temperaturas subieron aún más desde el norte de Francia hasta Gran Bretaña y el este de Alemania.
Ayer, Londres experimentó el día más caluroso registrado en julio, con temperaturas de 36.9 grados.
“Nadie está a salvo en tales temperaturas. Esta es la primera vez que esto afecta a los departamentos del norte del país… poblaciones que no están acostumbradas a tal calor”, dijo en conferencia Agnès Buzyn, ministra de salud francesa.
“Las olas de calor son un problema grave para las personas mayores y enfermas”, dijo a Der Spiegel Anton Hofreiter, líder del ecologista Partido Verde alemán. El gobierno de Angela Merkel, afirmó, no hace lo suficiente para apoyar a los afectados.
Elisabeth Borne, ministra de Desarrollo Sostenible en Francia, instó a la ciudadanía a cancelar todo viaje innecesario. La SNCF, compañía ferroviaria estatal gala, permitió a sus clientes intercambiar o cancelar sin cargo los viajes a las 20 regiones del norte, particularmente afectadas.
En Bélgica, donde el gobierno activó por primera vez una alerta de “código rojo” por el clima cálido, algunos trenes tampoco estaban en servicio, porque el equipo no podía soportar el calor.
El termómetro en Bruselas tuvo el miércoles su día más caluroso desde que comenzaron a mantenerse los registros en 1833, con 40 grados.
En Alemania, las temperaturas se elevaron a alturas insoportables en los centros históricos de las ciudades, con lo que se interrumpió el tráfico turístico.
Enfrentar el calor en sitios patrimoniales, en gran parte sin aire acondicionado, se ha convertido en el nuevo desafío de Europa.
En gran parte del continente, el aire acondicionado ha sido visto como un lujo innecesario; sin embargo, pese a estas olas de calor, cada vez más frecuentes, todavía hay resistencia entre las familias a contratar este servicio. Algunos también lo ven como respuesta incorrecta a las olas de calor paralizantes provocadas por el cambio climático.
También hay preocupaciones de tipo burocrático. Varios edificios residenciales en París tienen siglos de antigüedad y sus fachadas no pueden modificarse sin el permiso del Ministerio de Cultura.
Mientras tanto, los gobiernos coordinan medidas improvisadas para que los residentes se refresquen. Francia, por ejemplo, designó habitaciones con aire acondicionado en cada distrito, así como áreas de natación al aire libre y parques que permanecen abiertos todo el día.
La causa de esta ola es una gran área de alta presión, conocida como “cúpula de calor”, que ha desviado temporalmente el flujo típico de la corriente en chorro y ha permitido que el aire caliente de África suba al norte. Esta característica del clima es inusualmente intensa, lo que permite que los registros de temperatura de todos los tiempos caigan en la época más calurosa del año, cuando estos registros suelen ser tan altos que son difíciles de derribar.
El patrón meteorológico responsable de este evento es similar al que trajo calor récord a partes de Europa a fines de junio y principios de julio. Sin embargo, éste va a migrar hacia el noreste a Escandinavia, rompiendo récords en Noruega y Suecia a fines de este fin de semana, y luego podrá elevar las temperaturas en el Océano Ártico, acelerando el derretimiento de una cubierta de hielo marino.
