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La doble derrota del presidente del gobierno español en funciones, Pedro Sánchez, quien buscó dos veces, sin éxito, el apoyo parlamentario para mantenerse en el poder, no significa el final de las negociaciones para liderar el país, aunque sí supone una obligación al político de izquierda de negociar con la derecha y formar un gabinete de coalición, idea a la que se resistió antes y por lo que perdió votos.
Ayer, tras dejar el Congreso de los Diputados, donde se convirtió en el primer candidato en perder dos sesiones de investidura, Sánchez dijo que “no hay que tirar la toalla, sino volver al punto de inicio y explorar otros caminos”.
En esta afirmación, el mandatario que ocupa el cargo tras la destitución, el año pasado, del derechista Mariano Rajoy, dejó ver su flexibilidad ya no sólo para convencer a la fuerza de izquierda radical, Unidas Podemos, sino crear una plataforma más amplia, incluso con apoyo del conservador Partido Popular (PP) y el centrista Ciudadanos, una posibilidad a la que antes se negó.
El partido de Sánchez, el Socialista Obrero Español (PSOE) ganó las elecciones anticipadas de abril pasado, a las que el presidente convocó para legitimarse en un nuevo gobierno electo; sin embargo, no alcanzó la mayoría de escaños en el Parlamento para formar gobierno. Aunque la fórmula lógica siempre ha sido la de pactar alianzas con partidos de menor presencia, el socialista se lanzó al desafío de candidatearse a la investidura con la mayoría simple de su partido, pero su plan no prosperó, con la abstención de la izquierda radical.
Después de fracasar en las dos oportunidades reglamentarias, en el Congreso de los Diputados, Sánchez está a expensar del rey Felipe VI, quien en medio de la tensión, convocará a una ronda de consultas con los partidos que obtuvieron representación parlamentaria. Así, el monarca reiniciará el proceso y explorará si existe otra oportunidad para Pedro Sánchez. En caso positivo, el debate de investidura tiene que celebrarse antes del 23 de septiembre, cuando se disuelva el Congreso, en caso de que Felipe VI no encuentre condiciones para mantener el debate.
España y, en particular, Pedro Sáchez, ya tiene experiencia en este tipo de situaciones. En 2016, el rey esperó unos días a recibir iniciativas sólidas del Congreso después de que Sánchez, tras la destitución de Mariano Rajoy, no superara la prueba. Al no recibirlas, convocó a una tercera ronda y sondeó entre los partidos para ver si podía ofrecer a otro candidato el gobierno.
Sobre ese mismo patrón, este viernes la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, visitará La Zarzuela (Palacio del rey) para reportarle el fracaso de Sánchez, con el plazo de dos meses que corre tras primera la votación, que se celebró el 23 de julio y expira el 23 de septiembre, Felipe VI podría convocar una nueva ronda de consultas antes de tomar la decisión más radical: llamar a elecciones.
Si en estas audiencias el rey confirma que hay un candidato con apoyos para superar la investidura, se celebraría un nuevo debate en el que el nominado tenga, de nuevo dos oportunidades para lograr la mayoría absoluta.
Si Sánchez demuestra en este transcurso que logró los apoyos necesarios (entre la izquierda o la derecha), podría ser elegido presidente del gobierno.
Pero si se mantiene el bloqueo y el rey no puede proponer a ningún candidato, podría hacer un tercer intento en el límite o directamente cerrar el proceso por su inviabilidad.
