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Miradas que rozan entre los hermanos Reid cuando The Jesus and Mary Chain cobra vida, una interacción mínima para un par de personajes que estuvieron en guerra por años, justo como ahora lo están los Gallagher. El Plaza Condesa está expectante en jueves, pero no ocurrirán berrinches, la paz entre Jim y William se ha firmado.
Amputation abre la noche. Jim se esconde en la sombra para autosegregarse de una audiencia que apenas y percibe la rabia que da la bienvenida a Damage and Joy, su más reciente álbum.
Mucho aplauso, poca acción, hasta que sonó April Skies, de Darklands. Algunos celulares aparecieron por segundos, para tomar la melancolía como recuerdo y premio de estar frente a la banda que en 1985 se fastidió del synthpop y entregó una serie de canciones cuya distorsión y saturación sigue intacta en vivo.
Su ingeniero de sonido se encarga de lograrlo, llega a molestar al tímpano, pero desde Head On a nadie le importó nada más que bailar, sacudir la cabeza y beber hasta que el concierto terminara. Jim apenas dijo unas palabras e hizo bien, la gente pagó por revivir una de las épocas más gloriosas del rock.
La madurez le ha caído bien a los escoceses, desde 2015 a la fecha han pasado tres conciertos en los que el alcohol no ha arrebatado a los mexicanos la experiencia de verlos en vivo, porque Jim dejó los tragos y se curó de su alcoholismo.
Así que hubo quienes no tuvieron preocupación alguna y llevaron a sus niños y niñas, para llevarse y crecer con un pedazo de rabia, melancolía, amor, desamor y redención, y una oleada de Psychocandy, el disco que hoy puede considerarse de culto para toda esa escena y sin duda para el nacimiento del grunge.
All Things Must Pass, Taste of Cindy y Some Candy Talking parecían anunciar el final. Jim dice que una más y se van. Era el gancho. Los cuarentones estaban por olvidar su ranciedad y filosofía de vivir los conciertos a la vieja escuela: sin celulares que tapen la experiencia. Pues se tragaron sus palabras con Just Like Honey, por eso es mejor vivir los conciertos, sentirlos y olvidarse de sus prejuicios.
Obvio que no alcanzan a cubrir tantas canciones como quieren los fans, pero nadie se quitará de la cabeza, por unos días, el haber sido testigos de un set que culminó con Cracking Up, In a Hole y I Hate Rock N Roll.
