
La actriz y directora de teatro Pilar Boliver creció en un mundo profundamente ligado a la pintora Frida Kahlo: nació en Coyoacán, su padre fue alumno de Diego Rivera y “hasta iba a leer a la Casa Azul mucho antes de que se hicieran las filas monstruosas que hay ahora”. Cuando su colega Ana Karina Guevara le pidió que la dirigiera en la puesta escénica Kahlo, viva la vida, escrita en 1998 por Humberto Robles, se negó rotundamente debido a que “ya estaba saturada de ella”.
No obstante, la convenció, y gracias a ello, Boliver se reencontró y reenamoró de la vida y obra de la pintora.
“Este proyecto lo tenía Ana Karina entre ceja y ceja —muy a la Frida—, tenía la inquietud de interpretarla y me lo propuso, pero le dije que no porque Kahlo me daba una flojera inmensa, pues es una figura sobreexplotada, al grado que se ha vuelto un icono de la fantasía popular, en que ya no sabemos qué es cierto o no de su vida. No obstante, al final me convenció y me reencontré con sus ideas, entorno y sufrimiento”, detalló Boliver a La Razón.
La puesta escénica, que se presenta todos los sábados hasta el 20 de julio en el Foro 4 Espacio Alternativo del Centro Cultural Helénico, lugar del recinto dedicado al teatro bar, stand up, café concert, clown y al cabaret, es un monólogo unipersonal en el que la artista elige una noche del Día de muertos para pintarle al espectador un retrato hablado, donde es plasmada como un personaje creíble y “de carne y hueso”.
“La obra muestra a una Frida real y que sí es posible de creer, alguien que no dice muchas groserías, pero tampoco pocas, y que se emborracha lo suficiente; éste es un personaje, no es maniqueísta ni de puro dolor, sino que tiene muchísimos volúmenes que logramos a partir del texto de Robles. Te enteras de su vida y ves a la mujer, a la amiga; la ves encabronada, enamorada, despechada y enferma”, destacó la también presentadora de televisión.
La directora explicó que el hecho de que la puesta se sitúe durante el Día de Muertos es un pretexto dramático para “hablar de lo que se quiere; no es tanto que veamos una fiesta, sino que mediante esa fecha conocemos la vida de la artista a través de la invocación a sus muertos, entre ellos, Diego Rivera; por ello no hay una sola flor de cempasúchil; en el escenario sólo hay una catrina y sabemos que con ésta se hace una síntesis de la muerte”.
Para preparar esta versión de la pintora, Ana Karina Guevara y Pilar Boliver realizaron una investigación de casi un año respecto a su vida: “leímos todas las biografías que había, analizamos sus fotos, sus obras, y examinamos sus posturas, gestos y caras.
“Ana Karina hizo un estudio muy puntilloso sobre quién era este personaje; revisamos la fisicalidad en cuanto a que si el dolor lo tenía aquí, cómo le repercutía en tal parte del cuerpo, en su postura y para moverse; y por ello trabajamos con las piernas amarradas con correas y corsés, para saber dónde estaba su inmovilidad física”, compartió.
Toda esta minuciosa preparación, aunada a la selección musical que se realizó para la puesta, en donde Guevara canta temas mexicanos clásicos como “Borrachita de tequila” y “El venadito”, lograrán que el espectador, a decir de Oliver, se conmueva y cambie su perspectiva acerca de la pintora.
“Remarco: no es que a la gente no le guste Frida; lo que pasa es que todos estamos saturados con la imagen mediática que se ha creado de ella; pero ésta es una producción con la que se van a volver a enamorar de ella; y a quienes les encanta, se van a
requete enamorar”, concluyó.
