
Las visitas guiadas por el Centro Cultural Los Pinos, así como la vigilancia de algunas salas de dicho recinto están a cargo de beneficiarios del programa Jóvenes Construyendo el Futuro. De acuerdo con la Secretaria de Cultura federal (SC) y la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) existen 33 becarios que ofrecen servicios de atención al público en la exresidencia que abrió sus puertas el pasado 1 de diciembre de 2018.
En el oficio STPS/UT/673/19 la dependencia federal detalla que Los Pinos es un centro de trabajo, es decir, un lugar donde se capacitan a los jóvenes aprendices. Esto, a pesar de que el nuevo centro cultural no aparece en el listado de “Centros de trabajo participando en la Ciudad de México” publicado en la página oficial del programa.
Las únicas instancias de cultura en la Ciudad de México que sí están en el sitio web son: Centro Cultural Helénico, Centro Cultural Universitario Tlatelolco, Museo del Carmen y Museo Nacional de Historia.
La beca mensual que reciben los jóvenes de 18 a 29 años de edad es de 3 mil 600 pesos y dos condiciones para obtenerla es que no estudien ni trabajen y que durante todo un año no adquieran otro empleo.
“El Programa Jóvenes Construyendo el Futuro no contempla trabajadores sino becarios o aprendices. De la misma forma, los becarios no reciben sueldo quincenal ni sueldo mensual sino una beca. El programa no paga salarios, los centros de trabajo pertenecientes al Programa no tienen empleados que sean becarios y no hay ningún tipo de prestación al ser un Programa de Desarrollo”, se lee en el oficio STPS/UT/673/19.
Durante un recorrido por Los Pinos, Crónica preguntó a varios jóvenes sobre la capacitación que reciben.
“Llegan diversas figuras públicas. El jefe de Los Pinos, Homero Fernández, consiguió reporteros, por ejemplo, la semana pasada estuvo el productor de Denise Maerker. Entonces ese tipo de capacitaciones nos dan, duran dos horas y es un día a la semana”, señala un joven de 20 años que prefiere mantener el anonimato, al igual que el resto de los entrevistados.
Otra becaria, de 24 años, narra que las capacitaciones son todos los lunes y muy variadas, “nos enseñan protección civil, historia, interactuar con las personas, trabajar en equipo y primeros auxilios”.
¿Cuántos guías son?, se le pregunta a otro joven. “Somos 48 guías y al principio había muchos voluntarios. Las visitas las damos de 10 de la mañana a las 5 de la tarde y generalmente son a escuelas pero los fines de semana cambia mucho porque no nos damos abasto, sólo somos 20 los que pasamos el examen para ser guías y 20 personas para 10 mil visitantes... imposible”, responde.
En el oficio la STPS indica que además de la beca y la capacitación, los jóvenes reciben seguro médico y una constancia de capacitación.
“Los beneficiarios cuentan con seguro médico que cubrirá las ramas de accidentes, enfermedades, maternidad y de riesgos de trabajo durante el periodo de permanencia en el Programa del/de la becario(a) que se otorga a través del Instituto Mexicano del Seguro Social”, señala.
Los jóvenes entrevistados por Crónica aseguraron que en unos meses dejarán el Programa Jóvenes Construyendo el Futuro ya que ingresarán a una universidad, sin embargo, no les gustaría dejar de trabajar en Los Pinos.
“Ya me aceptaron en la universidad, entonces dejaré esto porque el requisito es no estudiar ni trabajar”, comenta una beneficiaria; otra indica que al menos le servirá de currículum; y un joven más dice “ojalá nos dieran más flexibilidad en el horario para seguir trabajando en algo de cultura”.
INFORMALIDAD. Emma Navarrete López, investigadora de El Colegio Mexiquense, opina que el Programa Jóvenes Construyendo el Futuro no representa una oportunidad real de empleo.
“La edad para iniciar a trabajar en México es entre los 14 y 19 años. Junto a eso tenemos que, en promedio, a los 15 años abandonan la escuela. Pero por otro lado, tenemos a un grupo que está mejor formado pero todos están en un mercado que no les ofrece nada”, explica.
Por eso, argumenta, no es viable un programa de becas, no sólo en Los Pinos sino en general, que quiera meter a toda la juventud en un mismo costal cuando sus necesidades económicas son distintas.
Además, Navarrete López considera erróneo partir de la idea de que todos tienen una baja capacitación.
“Muchos empiezan tan temprano a trabajar que tienen experiencia laboral y lo que necesitan no es una experiencia más, sino un empleo donde ejerzan el oficio que aprendieron a lo largo de su vida laboral”, puntualiza.
En el caso de quienes están altamente capacitados porque estudiaron tampoco necesitan un lugar que les enseñe un oficio. “Si la escuela les ha enseñado de manera correcta, sabrán hacerlo”.
La experta considera que Jóvenes Construyendo el Futuro es “un programa que no ayudará verdaderamente a que los jóvenes encuentren un trabajo si de manera paralela, de forma estructural en el país, no se ofrecen empleos de calidad”.
—¿Debe transformarse el programa?
—Lo que se necesitaría es un respaldo desde la Secretaría de Trabajo, aunque el programa sea de esa dependencia parece que fue diseñado por el Injuve o la SEP, puesto que no están ofreciendo un trabajo duradero, es un trabajo informal y formativo.
—¿Un año como aprendices les garantiza encontrar un empleo?
—Habrá que ver en un año si les ayudó la capacitación. Quizá les ayudaría ofrecerles en un año una veintena de trabajos para que escojan, de lo contrario, tendrán que entrar en este u otro programa.
Sobre el requisito de que sean ninis, Navarrete López explica que esa condición en México es urbana y en el caso de las personas con educación, corresponde a jóvenes con altos ingresos familiares.
“Los que tienen menos ingresos rápido consiguen un empleo porque deben trabajar de lo que sea. Ser nini es casi un privilegio ¿quién puede estar un año sin hacer nada? Es una condición muy peyorativa porque se asume que los jóvenes son vagos y flojos que no quieren estudiar, cuando en muchos casos tiene que ver con falta de oportunidades, por ejemplo, que la escuela está lejos y no tienen para cubrir su movilidad”, indica.
