
Ella tiene un novio que la abruma, una madre que espera su llamada y encuentros sexuales con su jefe. Además, ella le dice humanoides a quienes no fijan las reglas, porque para vivir se necesita un mapa. Ésa es la trama de la obra Los difusos finales de las cosas, del dramaturgo colombiano Enrique Lozano Guerrero (Santiago de Cali, 1972), que se presentará por primera vez en el país durante el mes de junio.
Esta puesta en escena, ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia Alianzas Colombo Francesas 2006 cuenta con la dirección de Gibrán Portela y la codirección de Abigail Araoz, y tendrá una temporada hasta el 16 de junio con funciones los viernes a las 20:00 horas, sábados a las 19:00 horas y domingos a las 18:00 horas, en el Teatro Benito Juárez (Villalongín 15, colonia Cuauhtémoc, CDMX)
En palabras del dramaturgo Lozano Guerrero, Los difusos finales de las cosas “es una historia que le habla directamente a nuestra sociedad acostumbrada a definirlo todo, al otro, y a sí misma, para su beneficio; que nos ha adiestrado en las prácticas del poseer y desechar, encerrándonos en nosotros mismos”.
A través de cuatro personajes —interpretados por los actores Sonia Franco, Cecilia Toussaint, Ricardo Rodríguez y José Cremayer— se plantean preguntas de la vida adulta: ¿Cómo una madre supera su pasado lleno de obligaciones? ¿En dónde está el amor cuando el otro decide por ti? ¿El azar siempre tiene resultados negativos?
Narrada en tercera persona, Lozano Guerrero recrea la vida de una joven ordinaria, con un trabajo de oficinista, un novio que insiste en ser su mejor futuro, un jefe que es el escape de su rutina, un padre muerto y un anhelo de huir de los problemas.
Los personajes no tienen un nombre propio, son llamados: Ella, Él, El otro y La madre de ella, y entre todos explican —a manera de voz interior— la necesidad de amor. Todos saben que quieren ser amados por Ella, pero la joven busca una explicación de su realidad para no confundir cariño con vacíos emocionales.
“Ella sabe que su vida es la planificación ordenada de una serie de objetivos que se fijó desde niña. Le gusta saberlo. Se siente orgullosa de entender los mecanismos, los rudimentos del engranaje vital. Es su vida, sí, pero así debe ser la vida de todos. Los que no entienden cómo funcionan las cosas no son personas, no viven vidas sino algo parecido pero malformado. Son… ¿humanoides?”, declama José Cremayer en el papel de El otro durante una función para prensa.
En una parte del guion, se describe a Ella como alguien que no camina sin saber adónde se dirige, porque nunca cruza la calle si cruzar la calle no es un requisito para llegar a su destino.
“Ella encuentra el destino siempre. Ella cree en el destino. Cree en todos los destinos, cree que es posible llegar a cualquier lugar con un mapa, con un plan de ruta. No entiende cómo puede alguien perderse, no entiende qué es el azar”, escribió el dramaturgo Lozano Guerrero.
Una característica de la obra es que mantiene la ironía a través del personaje La madre de Ella, ya que ésta se convierte en la crítica de su hija y en una persona con demasiado tiempo libre para pensar.
“Cree que su labor en la tierra está terminada. Cree que todos vienen a la tierra con una tarea, que todos tienen un propósito para estar aquí. Su propósito fue parirla a Ella, su hija. Lo segundo fue criarla. Su marido quiso tener más hijos, pero, para su fortuna, supo cómo evitarlo”, se narra en la puesta en escena.
De acuerdo con Víctor Viviescas, crítico del trabajo del dramaturgo colombiano, en Los difusos finales de las cosas, la acción dramática ofrece momentos de competencia de los actores, más allá de que la trama sea obtener el amor de la joven oficinista.
“Ella visita a su madre, Ella se encuentra con Él en un puente, Ella y El otro, que es su amante, reposan en una habitación de hotel después de haber hecho el amor. Si el punto común es Ella, los acontecimientos, el accidente que le acontecen a Él, hacen que éste compita en protagonismo (con el resto de los personajes)”, destaca.
