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Cuando era niño y vivía en Los Ángeles, California, Estados Unidos, el artista plástico Eduardo Sarabia le agarró gusto al béisbol, el “pasatiempo favorito americano”; se volvió fanático de Los Dodgers, el equipo local, y vio en Fernando El Toro Valenzuela —el joven novato mexicano que logró llevar a su equipo a la la Serie Mundial, tras 16 años de sequía, y además ganarla— a un modelo a seguir y héroe para él y toda la comunidad inmigrante.
“Crecí viendo jugar y me hice muy fan de él porque lo vi ganar dos campeonatos con Los
Dodgers; pero más que eso, porque lo vi como un mexicano triunfando en Estados Unidos; era un ícono para los inmigrantes”, detalló a La Razón Sarabia, con motivo de su exposición El Toro y otros relatos, muestra que bautiza con ese nombre en honor a su ídolo de la infancia, y en la que presenta imágenes autobiográficas “de las cosas que he vivido y que me ayudaron a ser quien soy ahora”.
La exhibición está formada por una serie de 15 cerámicas en azul y blanco, “emulando la talavera”, y de barro “canelo” muy típico de Tonalá y las afueras de Guadalajara”, en las cuales Sarabia plasma elementos como quetzales y vegetación que envuelven imágenes que han formado parte de su producción a lo largo de su trayectoria, la cual se ha centrado en sus experiencias respecto a los cruces sociales, la violencia y el narcotráfico, entre otras.
“Lo que más me gusta hacer es dibujar y siento que tengo muchas historias que quería contar: la cerámica, a través de la historia, ha sido empleada como soporte narrativo; ejemplo de ello son los griegos, quienes en artículos como jarrones o vasijas narraban sus mitos y leyendas; yo busco hacer lo mismo, pero centrado en el folclor del norte del país”, detalló el artista, que ha expuesto en sitios como el Museo de Arte Contempóraneo, en Denver.
También conforman la muestra 20 cajas de madera que semejan ser artículos de uso diario, “éstas, más que ser un soporte de transporte, las relaciono con marcas muy genéricas, hablando un poquito de la frontera, cómo se mandan cosas entre los dos países, cómo se cruzan objetos ilícitos y legales en esta línea imaginaria; éste es un tema que, creciendo en Los Ángeles, representa la frontera que cruzaron mis padres cuando llegaron a Estados Unidos, que a final de cuentas es muy abstracta”, detalló.
La pieza que enlaza a las demás obras es un mural que Sarabia pintó en uno de los muros del espacio, el cual muestra una ceiba gigante cuyas ramas encapsulan elementos como un quetzal, una moneda de oro, una pieza negra de ajedrez, una botella de mezcal, herramientas de minería y un borrego cimarrón; imágenes que hacen referencia a proyectos que ha realizado y vivencias
personales.
“Crecí en el este de Los Ángeles, en una vecindad de mexicanos donde había muchas pandillas; por alguna razón comencé a jugar ajedrez y, como me era muy fácil, empecé a salir de esa zona para ir a torneos, eso evitó que cayera en las pandillas y que se me abriera más el mundo: fui campeón estatal a los 13 años y mi facilidad por el dibujo logró que ganara una beca a los 14 años para estudiar pintura en la Unión Soviética”, contó el creador, quien fue parte de la Whitney Biennial, realizada en el Whitney Museum of American Art.
Respecto a las herramientas y el oro que aparecen en el mural, detalló que su abuelo, Felipe Sarabia, pasó la mayor parte de su vida buscando un tesoro que, supuestamente, estaba enterrado en la sierra sinaloense, de la cual se convirtió en heredero cuando recibió una caja repleta de sus mapas y notas, lo cual devino en una expedición y la video obra Lo quiero todo.
“Siempre he trabajado con narrativas, contando historias de terceros, lo que yo veo y la manera en que interpreto las cosas —como mis viajes a la frontera—, haber vivido en Los Ángeles, el folclor del norte… pero esta vez quise hacer algo más personal: dibujar todo aquello que me ha formado”, concluyó el artista.
La exposición El Toro y otros relatos está abierta al público a partir de hoy en la Galería Sur del Museo Universitario del Chopo.
