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La tristeza es una emoción humana pasajera y, al igual que la alegría, se trata de una sensación que se alterna, se reemplaza y que en ocasiones es simultánea. Así la define el ilustrador chileno Gabriel Ebensperger, quien habló con La Razón sobre El libro de la tristeza, pequeño volumen que, a través de una sombría pero adorable entidad negra ciclópea, hace una reflexión respecto ese sentimiento de aflicción que en ocasiones nubla la psique humana.
“A mi generación no se le hablaba mucho de las emociones; crecí en un momento muy particular: la dictadura, y si en ese tiempo no se hablaba de las cosas en general, tampoco se iba a tratar un sentimiento que se siente feo en el cuerpo; mis amistades y yo hemos podido darnos cuenta el cómo nos afectó el no conservar sobre los sentires y los afectos”, explicó.
La salida del libro de la imprenta, el año pasado, coincidió con que lo diagnosticaron de cáncer de tiroides, “fue una coincidencia muy rara: me operaron muy rápido y la cicatriz que me quedó en el cuello era demasiado similar a la forma que aparece en la portada; todos me preguntaban si el libro era respecto a mi enfermedad y es muy extraño que fue algo reverso”.
El tratamiento al que fue sometido, explicó, fue brutal, “me provocó una fuerte depresión; me tocó hacer El libro de la tristeza y después pasar por el periodo más triste de mi vida, y salir de ahí. Por ello significa demasiado para mí, me ayudó mucho a superarlo y aún no sé cómo interpretar esa coincidencia; quizá el libro fue una premonición”.
Por ello está seguro de que las emociones son una alerta física de algo que pueda estar mal dentro de uno, “la tristeza la percibes en el cuerpo, la sientes porque hay una química, y cuando esas cosas se prolongan por demasiado tiempo y se normalizan, tú ya no te das cuenta de que eso no es normal, y si alguien, como una familia, no está al pendiente de ello, puede resultar en algo como lo que me pasó a mí”.
