
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este viernes, antes de marcharse a su club privado de Mar-a-Lago, en Florida, para pasar el fin de semana, que el informe Mueller, presentado al público en una versión censurada, es un “engaño” y está lleno de “sandeces”.
“Ciertas personas hacen declaraciones sobre mí en el Loco Informe de Mueller, escrito por 18 Demócratas Enfadados que odian a Trump, que son inventadas y completamente incorrectas. Cuidado con la gente que toma los llamados ‘apuntes’, cuando los apuntes nunca existieron hasta que se necesitaron”, tuiteó el mandatario.
Trump apuntó que él nunca aceptó testificar: “No fue necesario que yo respondiera a declaraciones hechas en el ‘Informe’ sobre mí, algunas de las cuales era sandeces y sólo dadas para hacer que la otra persona pareciera buena (o que yo pareciera malo). Esto fue un Engaño Iniciado Ilegalmente que nunca debería haber ocurrido”.
LA LLAMADA QUE PUDO CAMBIARLO TODO. Medios estadunidenses interpretan que cuando Trump asegura que en el informe hay pasajes inventados, está hablando de la llamada que el 17 de junio de 2017, poco después de iniciada la investigación, mantuvo con el entonces abogado en jefe de la Casa Blanca, Don McGahn.
Según el reporte, el presidente ordenó a McGahn decirle al número dos del departamento de Justicia, Rod Rosenstein, que Robert Mueller tenía conflictos de interés y debía despedirlo. Sin embargo, según el relato del fiscal especial, citando declaraciones de McGahn, éste se negó a cumplir la orden y amenazó a Trump con dimitir.
McGahn terminó dimitiendo tiempo después de todos modos, pero si hubiera accedido a cumplir la orden del presidente, Mueller habría terminado despedido con toda seguridad, lo que hubiera constituido material suficiente para imputar a Trump obstrucción a la justicia, como le ocurrió a Richard Nixon cuando echó al fiscal especial Archibald Cox, que indagaba en el escándalo Watergate.
