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Un código perdido que pervive en Tepito es la no discriminación y en el barrio bravo existe violencia, pero está controlada, son dos observaciones que hace el escritor Carlos Velázquez (Torreón, 1978) en su reciente libro de crónicas Aprende a amar el plástico que se presentará este jueves 21 de marzo a las 20:00 horas.
El también Premio Bellas Artes de Narrativa Colima 2018 que ha retratado el norte del país en obras como El pericazo sarniento y La efeba salvaje, incluye en este libro un nuevo escenario para su narrativa: la Ciudad de México.
“Es muy complejo lo que ocurre en términos de cómo se distribuye la violencia en la Ciudad de México. Por ejemplo, vi a un señor con sangre en la cabeza porque lo asaltaron en la colonia Roma, pero si vas a Tepito a comprar droga, ahí nadie te toca un pelo sabiendo que es el barrio bravo por excelencia”, señala el autor.
Carlos Velázquez indica que en Tepito —como lo menciona en Conectar en Tepito, una de sus 19 crónicas— existen códigos y cualquiera que se los salte paga las consecuencias del barrio bravo.
“Si obedeces las reglas que son inherentes al comercio de las drogas, no te va a pasar nada. Entonces hablar de Tepito en términos únicamente de venta de drogas sería injusto porque el barrio es más que eso”, comenta.
Pero hay una realidad, añade, “está ahí y convive con las zonas conurbadas, no se tocan San Ángel y Tepito o Las Lomas y Tepito; sin embargo, ese trato preferencial hacia el adicto y hacia toda la gente que obedezca las leyes del comercio es algo que no se ve en otras partes de la ciudad”.
Al momento de escribir la crónica sobre el barrio bravo, Carlos Velázquez se dio cuenta de un choque cultural.
“Siempre que se oye hablar del mexicano, en cualquier parte dice que es una persona floja, que no sabe organizarse, sin capacidad de sacar adelante un negocio con éxito. Pero vas a Tepito y eso es mentira, el mexicano es capaz de organizarse y lo hace bien, en Tepito hay un sistema y engranaje que funciona a la perfección, ni siquiera la policía funciona tan bien”, declara.
— ¿Las grandes ciudades se mueven por las interrupciones?
— Son caóticas, problemáticas y son un imán para la gente. Cuando fui a Lima, Perú, me di cuenta de algo que también tiene la Ciudad de México: una gran migración. En la Condesa hay mucha gente extranjera dándole vida a la colonia y en Lima hay una gran migración de indígenas hacia la capital.
Es decir, añade, existe un problema demográfico grave. “Ese exceso de personas es lo que hace que las grandes ciudades se conviertan en un agujero negro y que en ocasiones te imposibilite la vida pero a la vez, te la hacen muy rica”.
Por eso, la Ciudad de México representa para él una inspiración. “Siempre es inspiradora. En la mañana, en una esquina estaba un señor sangrando de la cabeza y el brazo porque lo habían asaltado. En esta ciudad siempre están ocurriendo cosas y para alguien que se dedica a la escritura eso es oro”, señala.
PASIÓN, WALTER WHITE, THE CURE… Cada crónica que se reúne en Aprende a amar el plástico, publicado por Ediciones Cal y Arena, incluyen el humor como elemento narrativo, por ejemplo, está la anécdota de cómo el amor no puede ser tan largo como un aburrido concierto The Cure o cómo Albuquerque, Nuevo México, Estados Unidos, se convirtió en sitio turístico gracias a la serie Breaking Bad.
“Uno tiene que reírse de sí mismo todo el tiempo. Sé que en el momento en que me meta al papel del cronista, perderé la frescura que tiene la crónica. Entonces lo que busco es precisamente que el acercamiento sea lo más natural posible. Quiero que mi lector se divierta como yo me estoy divirtiendo”, detalla Carlos Velázquez.
Sobre la crónica del tour por las locaciones estadunidenses donde se grabó la serie Breaking Bad —producción que narra cómo un profesor de química decide vender metanfetaminas—, el autor comenta que fue una experiencia fortuita.
“Soy muy fan de Breaking Bad. Comencé a ver la serie y me enganché con la segunda temporada cuando sale el capo Dani Trejo y la policía lo va a buscar y aparece una cabeza encima de una tortuga. Cuando vi esa escena me asombré. Vi la serie hasta el final y entonces, navegando en internet descubrí que existía un tour. Me fui en autobús de Torreón a Ciudad Juárez, después a El Paso y de ahí un autobús me llevó hasta Albuquerque”, recuerda.
— La música sigue presente en tus obras…
— Las cosas que se relacionan con la música siempre son muy pasionales y por esa razón está muy presente en mi obra porque la pasión es un componente importante. Una obra sin pasión, no funcionará, sin importar cuánto le invierta una editorial.
“Me he propuesto tratar de escribir más limpio en relación con lo musical o las referencias pop, lo he intentado pero no funcionan los textos. Este año publicaré un nuevo libro de relatos y tengo una historia de un director de orquesta de música clásica, ya no hablaré de pop o rock pero no puedo escapar de esta obsesión: la música”, responde.
Ese cuento, indica Velázquez, será una parodia a la vida y circuito de los directores de orquesta del país. “También son una mafia, son tipos muy extravagantes, adictos, homosexuales y dictadores que les hacen cosas horribles a los músicos”.
