
La escritora Marlén Curiel-Ferman, quien nació en Saltillo, Coahuila, en 1982, ganó el Premio de Literatura Dolores Castro, en el género de poesía, con el libro Cantos eléctricos. Autora de otros libros de cuento y poesía, Marlén escribió una bitácora epistolar para volver a la vida al inventor serbio-croata Nikola Tesla, quien en el libro de Cuiel-Ferman tiene otro destino. Sobre ello charlamos con la poeta:
— ¿Qué piensas sobre los premios de poesía y sobre éste que ganaste, el Dolores Castro?
— Cuando gané el premio pensé que al fin mi poemario vería la luz, entonces sentí que había hecho un trabajo correcto. Es necesario que se continúe premiando el trabajo literario de quienes nos dedicamos a escribir poesía, porque a veces esa es la única vía de distribución de un género que parece estar en vías de extinción. Este tipo de premios además podría incentivar a las editoriales, institucionales o independientes, a publicar poesía, pues es la otra cara del escritor.
— ¿Por qué escribir poesía en el siglo XXI?
— Yo he escrito también cuento, novela y ensayo, el ensayo me gusta, pero no lo siento tan mío, pero la poesía la escribo porque creo que es el género más bondadoso no sólo con la expresión de las emociones sino por la capacidad de la abstracción que no siempre se puede transmitir en algún texto como el cuento, por ejemplo. Decido hacer poesía porque al ser el primer género literario permite jugar con el resto de los géneros, sobre todo ahora, en pleno posmodernismo, que llegamos a un punto en que las formas de los géneros comienzan a conjugarse, a enamorarse, entreverarse y la poesía sale como el protagonista que le da sonido y sinfonía a las palabras.
— En Cantos eléctricos evocas al inventor Nikola Tesla, ¿por qué?
— Yo además soy jurista, pero no quería convertirme en una litigante de lo mercantil, sino que quería centrarme en la parte de la justicia social y la equidad, entonces cuando vi en un documental la vida de Nikola Tesla lo relacioné con lo que yo estaba investigando en ese momento, que era el tema de las injusticias que se comentan a las personas que viven con alguna discapacidad mental. Entonces lo relacioné con la historia de Tesla, un inventor muy visionario, progresista y humanitario, pero que al final quedó tildado de loco. Y me dio mucho sentimiento que, así como Tesla, en el siglo XX, hubo muchos sacrificados por la humanidad y por el capitalismo, sobre todo, muchas personas de un pensamiento avanzado que fueron despojados de sus creaciones y los arrinconaron en el estado de la locura. Entonces en el poemario decidí crearle una vida paralela al inventor, una vida en donde al fin pudiera ser feliz, en donde existiera alguien que le transmitiera las virtudes de la compasión, del perdón, de la ternura, porque nadie tuvo ternura con Nikola Tesla.
— El poemario está escrito a manera de bitácora y diálogo entre Tesla y otros personajes, ¿por qué esta estructura?
— Yo quería que el poemario tuviera el cuerpo como de una novela. Hay dos partes en el libro. Primero te cuenta la historia con cadencia, que tiene una rima y un ritmo, y esa primera parte es la vida de Nikola Tesla a través de un narrador omnisciente que en este caso es un Dios que se burla de él y que se ríe hasta el día de su muerte. La segunda parte intenté hacer una correspondencia para hacerle a Nikola una vida paralela y en ella jugué con esas alucinaciones que decían que él tenía. Y son vidas cruzadas a través de cartas que son vidas cruzadas, porque no quería inventar a un personaje que estuviera en su dimensión real, porque en ella fue una persona impulsiva compulsiva, y no quería eso para él, por eso inventé otra vida, otra estructura.
