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La Conferencia de Montevideo, la primera iniciativa internacional para una salida diplomática a la crisis venezolana, al rojo vivo desde que se autoproclamó presidente Juan Guaidó, se saldó ayer con un fracaso.
El mecanismo de diálogo, auspiciado por los presidentes de Uruguay y México, Tabaré Vázquez y Andrés Manuel López Obrador, respectivamente, no logró arrancar, precisamente por la negativa de los dos países anfitriones a firmar el documento final, apoyado por los países europeos participantes, en el que se pedía la celebración, en cuanto sea posible, de elecciones libres y con garantías a la oposición de juego limpio.
“Acompañamos lo que tiene que ver con que haya comunicación y diálogo entre las partes y que haya una salida pacífica y democrática que excluya el uso de la fuerza, pero no podemos participar en algo que implique que nosotros determinemos el proceso político electoral”, sostuvo Ebrard en una rueda de prensa al finalizar la reunión del Grupo de Contacto Internacional, integrado por representantes de la Unión Europea, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Portugal, España, Suecia, Reino Unido, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, México y Uruguay.
A pesar de que en el documento del Grupo de Contacto, los europeos subrayaron que rechazan “el uso de la fuerza” y que apoyan “elecciones transparentes y creíble” negociadas exclusivamente por los venezolanos, el canciller mexicano insistió en que el Mecanismo de Montevideo “no pone ningún condicionamiento” a las partes involucradas.
“Entendemos que la Unión Europea tiene su posición”, señaló Ebrard, quien, pese a todo, dijo que “fue una reunión productiva, fue un buen diálogo, una buena conversación”.
