
A punto de ser devorada por las fauces de la noche, María decide hablar de su pasado, recuerda los momentos dolorosos que la han constituido, en los cuales observa cómo lentamente se ha quedado sola mientras expone el Infierno en el que se ha convertido su pueblo y del cual huyó para trabajar en una casa como empleada doméstica.
Todos Santos, de Mónica Perea y dirección de Sixto Castro Santillán, es un acercamiento al dolor, sin panfleto político ni victimismo, en el cual la violenta realidad se impregna en la cotidianidad que viven los pobladores, y que se ven forzados a defenderse de la autoridad y los delincuentes, ante eso externo que los aqueja.
Originaria del Istmo de Oaxaca, María vacila con el público, le invita mezcal arroqueño, trabaja para hacer un mole, baila y, lentamente, de esa felicidad, se torna fría, pensativa y muestra las heridas que consumen su alma, recuerda y busca regresar a su lugar de origen para cerrar un ciclo consigo misma.
Las desapariciones, los autodefensas, los desplazamientos forzados, la escalada de violencia, los daños colaterales y la ineficiencia del gobierno, entre otros temas, se denuncian en este relato que toma la dualidad fuerza/fragilidad de una mujer, para mostrar la realidad que sucede en el campo, esos parajes que dejan de idealizarse (como se hizo en décadas anteriores) para exponer situaciones en las cuales los jóvenes cambian los cuadernos por las balas.
El Dato: El diseño escénico de la obra es de Natalia Sedano; con música original y diseño sonoro de Ariel Torres.
En un país de coloridas tradiciones, del “mexicano encara a la muerte y se ríe de ella”, la propuesta pone otra arista de ésta, la cual ha dejado cadáveres y sangre por doquier. El monólogo es un recorrido de lo festivo de la celebración de Todos Santos hasta aceptar que existe una realidad que lacera al país. La muerte es el tema central de la obra, esa misma que se viste de Catrina pero que también está en cada ejecución.
En la ofrenda de María, las imágenes de su esposo e hijo son sustituidas por un recorte de periódico y una credencial escolar, a falta de esas fotos sonrientes que evoquen vidas felices y sin complicaciones.
La actriz Mayra Sérbulo canta, se mueve por el escenario, hace un arreglo floral y narra una historia desde ese sentimiento e incomprensión de alguien que no le queda claro lo que pasa. Con una coreografía muestra sus bailes, su aseo personal y lavado de ropa en el río, el proceso de embarazo y amamantar al bebé, la felicidad de cuando todo estaba mejor.
De lo divertido a lo sombrío, la obra es un recordatorio de una realidad que sucede todos los días, durante esta gigantesca noche que nos engulle a todos, que se ha vuelto el presente que todos vivimos.
