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"La moraleja de las corridas de toros, es que nadie tiene derecho a matar al animal respetado si no pone su vida en juego”, dice el filósofo francés Francis Wolff, quien es el protagonista del documental Un filósofo en la arena, en el que muestra sus cuestionamientos sobre la controversia que existe en torno a la tauromaquia, en el nuevo filme de los cineastas Jesús Muñoz y Aarón Fernández.
Wolff se considera un filósofo poco corriente. Comenzó a reflexionar sobre las corridas de toros desde su primera asistencia a una corrida de toros cuando fue a la plaza de Nimes (Francia) en 1969. Era parisino, tenía 18 años y a nadie de su familia le gustaban los toros. Según confiesa, no estaba preparado para el shock que vivió aquella tarde en la plaza, cuando nació una pasión que le ha acompañado durante 50 años y a la que ha consagrado parte de su carrera.
Respetado en todo el mundo por sus estudios sobre Aristóteles, también filosofa sobre temas que nadie había analizado bajo esa óptica. La cinta comienza con su jubilación y el momento en el que acepta formar parte del filme. Por su afición a los toros, decide emprender un viaje por Francia, México y España junto a los dos cineastas mexicanos que nada saben de ese mundo que parece tener los días contados.
Ésa es la causa por la que el Dr. Wolff ha escrito un libro sobre el tema: Filosofía de las corridas de toros, en el que defiende esta práctica sin hacer su apología. Un libro con el que pretendía “poner un poco de raciocinio en un arte tan irracional que despierta tantas discusiones políticas”, dijo en conferencia de prensa.
A lo largo del viaje, se encuentran con varios personajes con los que reflexionan sobre la relación de los seres humanos con los animales y la naturaleza, sobre el sentido de este viaje que es la vida y sobre nuestra relación con la muerte. Juan Ramón de la Fuente, Eduardo Matos Moctezuma, José Cueli, Mario Vargas Llosa, Joselito Adame, Miquel Barceló, Claude Lanzmann, Georges Didi-Huberman, Catherine Millet, Agustín Díaz Yanez y Antonio Calera-Grobet, son algunos de los entrevistados.
El viaje pasa a tener como principal interés no tanto las corridas de toros sino una búsqueda filosófica que explora preguntas profundas: ¿Por qué las personas tratan cada vez más a sus mascotas como personas en cuanto la sociedad trata a los marginados como si fueran animales, como en el caso de los inmigrantes? ¿Qué estatuto debemos darle a los animales, ya sea los que pertenecen a la aristocracia de las mascotas, o al proletariado de la ganadería industrial? ¿Por qué la muerte, sea ésta de los seres humanos o de los animales, no queremos más verla y está confinada en los asilos para ancianos o en los mataderos? ¿La diversidad cultural es todavía compatible con los valores morales universales?
Con mucha lucidez y un poco de melancolía, Francis Wolff contempla el ocaso de su pasión en cuanto desarrolla una charla intelectual con los cineastas que alterna momentos de gran reflexión y otros de franca camaradería y humor. Más que una película sobre las corridas de toros o un debate estéril del pro y contra, este viaje, que atraviesa ciudades y culturas fascinantes en Europa y América Latina, nos sumerge en una reflexión de cómo la sociedad hoy en día ha escogido vivir en un mundo cada vez más globalizado y sobre una realidad que a todos molesta: la ineludible muerte.
“¿No es cierto que ahora ocultamos la muerte como una enfermedad vergonzosa? Nuestra época secularizada exalta una existencia libre de riesgos, una juventud eterna, una vida sin muerte. Lo humano es acompañar la muerte del animal respetado con un ritual o una ceremonia expiatoria…
“Nuestras sociedades productivistas prefieren la muerte en los mataderos, mecanizada e industrial. Muerte fría, oculta. En ese mundo de violencia aséptica yo no quiero vivir. Y ustedes que tanto se identifican con el toro ¿Preferirían una vida de esclavos o morir en el matadero? ¿O vivir libres y morir peleando?”, concluyó el filósofo en otra de las partes del filme.
