
Nicole Kidman, a pesar de no salvarse de personajes estereotipados y prefabricados (como en Aquaman, por ejemplo), es una de las actrices más versátiles de Hollywood. De presencia imponente, hay en su trabajo una suerte de astucia atrevida ante algunos personajes que buscan dar amplitud al abanico de posibilidades de personajes femeninos en el cine. En Destrucción tenemos a uno de los mejores personajes de su historia, aunque su trabajo se coloque aún por encima de la película en sí misma.
Si bien es cierto, que la cineasta Karin Kusama cautivó hace tres años con La invitación, por su capacidad de crear atmósferas de alta tensión, en Destrucción destaca más por su conducción de un personaje decadente y estilo que por su capacidad de mantener expectación. En su propuesta estética sobre los elementos que alimentan la redención, no termina de conjugar con el ritmo del filme.
Aquí se cuenta la historia de Erin Bell (Nicole Kidman), quien trabajó en su juventud como policía encubierta en una peligrosa banda del desierto de California. Su incursión en el mundo de la mafia tuvo consecuencias fatales para su mente de las que cree haberse recuperado. Sin embargo, cuando el líder de la banda vuelve a dar señales de vida, Bell sufre una odisea moral y existencial. La única solución para olvidar sus fantasmas pasa por retomar el contacto con viejos miembros del grupo, intentando comprender cuáles fueron los motivos que destruyeron su pasado.
Esta vez Kusama nos ofrece un thriller policiaco que trata de ser más humilde de lo que en realidad es. Sí, es atractivo y emocionante. Sí, es espectacular la actuación de Nicole Kidman. Y sí hay una elegancia cinematográfica con el manejo del flash back y el manejo de los indicios para provocar tensión. Pero la historia en sí misma se prolonga más allá, se le atañe un grado de solemnidad que no encaja del todo con la confrontación del pasado, como si alguien recordara con añoranza las mismas cosas de las que se está arrepintiendo. Como si no tuviera claro el propósito que ha trabajado todo el desarrollo del filme.
Ne obstante, hay mucho virtuosismo en su propuesta. De entrada el personaje de Kidman es desafiante como modelo femenino en el género thriller. Lo más maravilloso es su capacidad de incomodar al espectador. Da un impacto similar al que en su momento logró Charlize Theron con Monster (2003), sin embargo el ángulo del que está tomada la historia de decadencia es casi opuesto.
Erin Bell es un personaje muy bien construido. Encandila la forma en que se enfrenta a su pasado con su lado más salvaje, ese que no puede asumir con su propia hija que está perdiendo el control de su vida. En la historia de Bell está una fantástica manera de explorar el pasado. Nicole Kidman es sensacional. Kusama se reafirma y luce, pero no convence del todo.
