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Conforme nos acercamos al cierre de año, la mayoría de las compañías inician los procesos de evaluación de desempeño a los colaboradores y hay un concepto que se escucha de manera frecuente en los argumentos a la hora de otorgar una calificación.
“Este empleado está en su Zona de Confort”, “este otro no va más allá de su Zona de Confort”, “el crecimiento solo se encuentra fuera de la Zona de Confort” y que expresan de manera tajante los más técnicos en desarrollo organizacional, entre muchos argumentos más.
Detengámonos un momento y definamos el término “Zona de Confort” como aquella posición, proceso o lugar en donde hay un sentimiento de comodidad y seguridad y esto es debido a que son conocidos y dominados los hábitos, las rutinas, actitudes y comportamientos.
En términos de la psicología, es una “zona mental donde no se tiene sentido de riesgo”, en el área de coaching se define como “un lugar mental limitativo”.
Ahora bien, ¿Qué sucedería si aplicamos este concepto, típicamente utilizado para evaluar el desempeño de los empleados, a los planes de compensaciones y beneficios de nuestras organizaciones? o planteando la pregunta de otra forma, ¿El paquete de compensaciones y beneficios de la empresa donde laboro está en su zona de confort?; ¿No tiene sentido de riesgo porque está estrictamente alineado a mercado?; ¿Coexiste en algún lugar limitado por la práctica de pago del sector industrial al que pertenece la compañía?
Cada corporativo y a su vez, cada responsable de recursos humanos o del área de compensaciones y beneficios tendrá su propia respuesta y calificación, pero más allá de cómo lo evaluemos, no debemos de perder de vista que la forma en cómo pagamos es el reflejo de la cultura organizacional y de su oferta de valor para atraer y retener al talento.
En otras palabras, es cómo competimos en el mercado laboral actual que presenta grandes retos respecto a la transformación digital, las diferentes generaciones y las tecnologías disruptivas en los negocios.
Hace algunas semanas, el responsable de Recursos Humanos de una firma que asesoro, me comentaba asombrado que, para un puesto vacante, tenía de candidatos al papá y al hijo ¡compitiendo para la misma posición! Y reflexionábamos en el hecho de que la compañía le ofrecía el mismo paquete de compensación y beneficios a los dos, independientemente de las distintas necesidades que cada uno de ellos podía tener por sus diferentes momentos de vida. Ejemplos como éste se empezarán a presentar de manera más frecuente en los próximos años.
