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Francia sufrió ayer una jornada de movilización nacional contra el gobierno del presidente Emmanuel Macron, en protesta por el anuncio de más impuestos a los carburantes. La rebelión de los llamados “chalecos amarillos” logró convocar mil 500 acciones para bloquear o perturbar gravemente el tráfico en carreteras, autopistas, centros urbanos, puertos, aeropuertos y túneles.
Como consecuencia de estos disturbios, una manifestante resultó muerta en una localidad cerca de los Alpes, luego de ser atropellada por una mujer que llevaba a su hija al médico y que sufrió una crisis nerviosa cuando vio la carretera bloqueada por unas 40 personas.
La jornada ha dejado también 227 heridos, seis de ellos graves, en atropellos o choques provocados por los bloqueos en otras partes de Francia, así como 117 detenciones.
Las autoridades galas, que se vieron sorprendidas por la magnitud de la protesta, alertaron de que con la caída de la noche “cambia el perfil” de los manifestantes, “más proclives a generar disturbios”.
Desde la célula de crisis puesta en marcha por el gobierno de Macron, el ministro del Interior, Christophe Castaner, condenó los disturbios. “Defiendo evidentemente el derecho a manifestarse de todas las formas, pero defiendo aún más vehementemente el derecho de las personas, que han sido insultadas o agredidas, su derecho a circular”, dijo, tras señalar que la mayoría de los heridos se produjeron en protestas no declaradas a las autoridades.
