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Un gusto privado que se comparte. Lo mismo una máquina de coser Singer de los años 40 y cámaras fotográficas antiguas que tarjetas telefónicas, billetes de lotería, juguetes de Marvel, camisetas, atuendos de superhéroes, máscaras de luchadores, tazas, murales y hasta un ring completo.
El Museo de la Siete, que toma su nombre de la calle donde se ubica en esta ciudad fronteriza, representa una ventana abierta a la infancia, “a ese tiempo lúdico que quedó en el pasado”, a ese derecho a perderse en la contemplación. “Es descubrir qué tanto dice de nosotros la cultura popular”, afirma el promotor Zaurel León, quien a sus 42 años sigue coleccionando cómics y juguetes.
Con un acervo de 20 mil piezas, de las cuales seis mil 900 evocan los personajes y la evolución de la lucha libre, el Museo de la Siete, que abrió el 29 de abril de 2017, ha recibido en año y medio de funcionar sólo viernes, sábados y domingos a unos nueve mil visitantes.
“Colecciona, restaura, exhibe, comparte y educa” es el lema de este recinto, producto de casi cuatro décadas de ejercer el coleccionismo. Miguel Ángel Pérez y Mauricio Limón Pino son los dos constructores de este universo singular que se extiende a lo largo y ancho de dos pisos y cuyo acervo sigue creciendo.
El espacio fue creado con la idea de “propiciar una sociedad comprometida con el conocimiento de la naturaleza de los objetos cotidianos y la historia del espectáculo de la lucha libre en Tijuana, motivando su conocimiento y estudio”, se apunta en la mampara que recibe a los visitantes, en la que se detalla la visión, la misión y el impacto social de esta iniciativa que coquetea con las reglas académicas.
