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"Cuanto te cortas, la sangre recorre todo el cuerpo; la Revolución Cubana fue una cortada continental que para algunos generó ilusión y para otros disturbios políticos muy fuertes, contaminación de ideales, guerrilla y muerte", comenta en entrevista Wendy Guerra (La Habana, 1970), autora de la novela El mercenario que coleccionaba obras de arte, en donde narra a partir de hechos verídicos cómo grupos contrarrevolucionarios instalados desde Miami, se financiaron del narcotráfico.
La novela, editada por Alfaguara, se centra en la vida de Adrián Falcón, un cubano exiliado de la isla que durante los años 70 del siglo pasado perteneció a La Hermandad, un grupo terrorista que atacaba, por ejemplo, con explosivos, las embarcaciones cubanas, para vengarse del fusilamiento de su padre, hecho que hizo que él, sus hermanos y su madre emigraran a Florida, Estados Unidos.
“Es una historia real con nombres de ficción porque quiero conservar mi propia vida. Adrián Falcón existe, pero se llama de otra manera y es un tipo, como se puede observar en el libro, exquisito, amable, dulce y familiar, pero muy duro”, señala.
¿Cómo conoció Wendy Guerra a este personaje? La escritora comenta que Arturo Falcón es una persona conocida en el mundo de la plástica latinoamericana, “él compra arte, pero lo que tú no sabes es a quién le estas vendiendo el cuadro. Nos conocimos en comidas que se hacen después de las exposiciones”.
Este personaje, añade, le pidió a la autora que contara una parte de su vida. “Me llevó tiempo, después de mi novela Domingo de revolución empecé con esta historia. También miré un poco mi obra, lo encerrada que ya empezaba a estar en nivel tópico y lo necesario que era salir de mí misma”.
Además, Guerra reflexionó sobre la literatura de su generación en México, Perú, Argentina y se cuestionó en escribir sobre el continente. “¿Por qué no nos ocupamos de lo que está pasando verdaderamente? Soy una mujer de izquierda, una crítica tremenda y me toca hablar de mi continente. Cuba tiene cansados a mis lectores”.
La novela inicia con la vida de Falcón que en páginas más adelante se cruza con la vida la Valentina, una joven que viaja a París a verificar la autenticidad de la obra de su tío, el pintor Leonardo Castillo, de quien desconocía su existencia. A la par y a manera de diario, la autora narra cómo Falcón se unió con otros cubanos en el exilio e iniciaron actos terroristas, cómo se acercó a los narcotraficantes Pablo Escobar y Jorge Vélez, el momento que estuvo en prisión e incluso, cuando trabajó para la CIA.
