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Una de las pin ups favoritas de los combatientes estadu¬nidenses de la Segunda Gue¬rra Mundial, segura, sensual, fuerte y un sexy ícono del cine de Hollywood de la década de los 40, así era, a la vista del mundo, Rita Hayworth.
Cintas como La dama de Shanghai, Gilda y Los ánge¬les tienen alas consagraron a Hayworth –de quien hoy se celebran 100 años de su naci¬miento- como una de las ac¬trices más emblemáticas de Hollywood; sin embargo, en su interior, la actriz que na¬ció bajo el nombre de Marga¬rita Carmen Cansino, fue una mujer que vivió abuso sexual por parte de su padre, lo cual hizo que Hayworth se mostra¬ra de una forma en la pantalla y de otra muy distinta fuera de ésta.
Barbara Leaming expli¬ca en la biografía If This Was Happiness que a tempra¬na edad, cuando comenzó como bailarina a los 13 años a lado de su padre, el bailarín español Eduardo Cansino, la hacía pasar por su esposa y no por su hija lo cual eventual¬mente llegó al abuso sexual. Atrapada en el pánico por re¬velar este secreto, explica la autora, Hayworth se convirtió en una mujer introvertida y tí¬mida fuera del escenario.
“La persona se¬gura de sí misma, diosa sexual que al menor movimiento de su dedo meñique podía tener o des¬echar a cualquier hombre en el mun¬do, era una mentira. O probablemente una invención”, confirmó Ka¬rina Longworth, crítica de cine estadunidense, en su podcast You Must Remember This.
Su belleza y talento la cata¬pultaron en el mundo del cine. En 1933 llegó a Hollywood donde al poco tiempo se casó con Edward Judson, quien fue el que logró conseguir un contrato para Hayworth en Columbia Pictures convirtién¬dola en uno de los activos más preciados de la compañía cinematográfica ya que la apa¬rición de la actriz en cualquier cinta generaba ganancias mi¬llonarias para el estudio.
