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El especialista en fotografía Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955) comenta a propósito de su participación en la XVIII Feria Internacional del Libro del Zócalo que la memoria era una obsesión que se buscaba al hacer fotografía, pero hoy es sólo una opción, y también opina que las fotografías que toma cualquier persona desde su celular evidencian el tránsito de la fotografía, como la escritura, a lenguaje universal.
El también escritor y artista estará durante una semana en la Ciudad de México ya que aprovechará su visita para conversar sobre su reciente trabajo A chupar del bote, un libro fake que creó en Valencia, ya que junto con estudiantes inventó a Ximo Berenguer, un fotógrafo de los 70 del siglo pasado que supuestamente dejó inconcluso una publicación con las imágenes que capturó en vida.
Foncuberta, que participó ayer en la FIL Zólcalo, también estará este jueves 18 de octubre a las 19:00 horas en el Centro de la Imagen impartiendo la conferencia Fotografía, gran hermano y postverdad.
— Ha escrito que la fotografía se liga a la memoria y verdad, ¿cómo cambia eso con la masificación de la imagen?
— Lo que sucede es que si la memoria y verdad han constituido los valores fundamentales del andamiaje de la fotografía, hoy en día esos valores deben compartir el pastel con muchos otros. Por ejemplo, hoy podemos hacer una foto, mandarla a un interlocutor y esa persona puede borrarla sin ningún tipo de pudor ni remordimiento, es decir, la fotografía puede servir simplemente como un elemento de comunicación y ya no hay esa obsesión por salvaguardar una determinada memoria.
“Antiguamente la memoria era una obsesión, hoy es una opción, entre muchas otras. Hacer fotografías puede significar hoy un elemento celebratorio porque el hecho de sacar la cámara es una marca autobiográfica, una manera de decir yo estuve ahí. Ya no se trata de guardar un testimonio del cantante del concierto, del político, de los oradores, del mitin, sino una manera de inscribirnos nosotros en un momento histórico en un lugar específico”, responden.
En opinión del crítico de arte, hoy los usos de la fotografía son más ricos, el rango se ha ampliado y tanto la verdad como la memoria siguen estado ahí pero ya no son los horizontes prioritarios.
“Verdad y memoria se supeditan a otros usos, socialmente y antropológicamente ya no son los elementos hegemónicos de la práctica fotográfica, son elementos que comparten la práctica fotográfica con otras funcionalidades”, detalla.
— ¿Cuál es su postura de socialización de la imagen?
— Siempre de una manera humorística que después del homo sapiens, llega el homo fotograficus, es decir, hoy todos somos consumidores, fabricantes y productores de imágenes fotográficas. Por un lado, la dificultad técnica ha desaparecido y el costo también. Hoy no hace falta pasar por escuelas o por una competencia técnica, todo mundo puede hacer una imagen fotográfica plausible simplemente apretando un botón.
“Los dispositivos actuales cuentan ya con tanta inteligencia artificial incorporada y con tantos automatismos que prácticamente es imposible hacer una mala foto. Pero, aun así, si el resultado no nos satisface borramos esa imagen y empezamos otra, hasta que el resultado colma nuestras expectativas”
Para Fontcuberta, hoy todos somos fotógrafos, “aunque evidentemente el que todos sepamos escribir no quiere decir que todos hagamos novelas merecedoras de un Premio Nobel, pero por lo menos todos sabemos escribir”.
Eso, añade, nos traslada a una situación muy positiva que significa el tránsito de la fotografía como escritura a la fotografía como lenguaje universal.
“La escritura es un sistema de codificación de signos que hay que aprender y que normalmente ha estado reservada a unos escribas privilegiados que tenían acceso a esa capacidad, a esa técnica. En cambio, hoy no hace falta ser ninguna minoría o élite, todo mundo puede hacer fotografías y expresarse o satisfacer unas necesidades de comunicarse con ellas”, indica.
FAKE NEWS. Cuestionar las formas y los medios por los que se transmite información, es una constante en la obra de Joan Fontcuberta y así lo demostró en su reciente libro: A chupar el bote.
“Mi trayectoria artística se basa en la estrategia del fake, que en el arte contemporáneo se emplea como un tipo de actuación del artista o activista político que lo que hace es infiltrar una ficción no para engañar sino para desvelar los mecanismos del engaño. Hace un par de años me planteé una duda: en la era de Google, de acceso a la información inmediata ¿tan sólo usando un click es posible fabricar un fake?”, explica.
Entonces Fontcuberta se propuso publicar un libro hecho por un fotógrafo inexistente: Ximo Berenguer. La biografía ficticia de este personaje no real decía que nació en un pueblo, después emigró a Valencia, luego a Barcelona en los años 70 del siglo pasado, donde estudió fotografía y en donde se unió a movimientos contraculturales convirtiéndose en un fotógrafo documental.
“Pero en esta fake él murió en 1978 en un accidente de moto y dejó hecha la maqueta de un libro sin publicar. Durante dos años mis alumnos y yo estuvimos sembrando internet de noticias sobre Ximo y al final logramos la publicación de su biografía en Wikipedia en español, alemán y catalán, hicimos una exposición en una galería, Ximo ganó el premio a la mejor muestra de la temporada e incluso, un museo adquirió sus fotos”, narra el catalán.
Cuando Fontcuberta declaró que Ximo era una invención suya, los enojos y escándalos llegaron.
“En el fondo se trataba de instalar una duda crítica respecto a los contenidos que se transmiten en los medios de comunicación y en el propio escenario del arte, o bien, cómo en un mercado hay un sistema galerístico, coleccionistas, críticos de arte y críticos de historia que validan, y cómo todos estos elementos se conjuran para en un momento dado encumbrar la figura de un artista sea existente o no. Era una puñalada a todo un sistema artificioso del mercado del arte”, opina.
