
Casi una treintena de miembros del equipo de Trump ha abandonado la Casa Blanca en el escaso año y nueve meses que lleva el magnate en el poder. Lo nunca visto.
Entre los despidos más polémicos están el de su asesor presidencial, el conspiranoico de extrema derecha Steve Bannon, o su exsecretario de Estado, Rex Tillerson, por haber llamado “imbécil” al presidente y criticar su empeño en romper el pacto nuclear con Irán, o el secretario de Medio Ambiente, Scott Pruitt, más preocupado por defender los intereses de la industria del carbón que por los de la energía renovable (aunque Trump no lo despidió por esto sino por sus extravagantes gastos).
Otros a los que Trump echó fueron el general McMaster, asesor de Seguridad Nacional, y el jefe del FBI, caídos en desgracia por tildar de “irrefutables” las pruebas de la injerencia de Moscú en las elecciones. El mismo camino siguieron su jefe de gabinete, Reince Priebus, sus portavoces Sean Spicer y el explosivo Anthony Scaramucci, despedido a los 10 días, batiendo el récord de baja permanencia, o su consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn.
El consejero de seguridad nacional Michael Flynn llegó a la Casa Blanca tras haber sido despedido por Barack Obama como jefe de Inteligencia de la Defensa. Con Trump duró 22 días: lo echaron el 13 de febrero de 2017, comprometido por declaraciones falsas sobre sus contactos con funcionarios rusos y tras conocerse que había sido lobista del gobierno turco.
