
"Aunque el proceso de crear instituciones ha sido largo, a primera vista, la democracia lo único que nos ha entregado son malos resultados, por ejemplo: una corrupción cada vez más rampante, una desigualdad que crece, una inseguridad tremenda y eso hace que la población mexicana se sienta decepcionada”, comenta en entrevista L.M. Oliveira (Ciudad de México, 1976) a propósito del libro Desconfianza. El naufragio de la democracia en México, una compilación de ensayos hechos por Leonardo Da Jandra, L. M. Oliveira y Guillermo Fadanelli.
La desconfianza ante la democracia, añade, va de la mano con un enojo hacia quienes ocupan puestos de gobierno, porque no han entregado resultados, porque la calidad de vida no ha mejorado “y no tenemos más que estar enojados”.
En opinión del filósofo y escritor, cuando inició el siglo XXI sucedió una transición esperanzadora con el triunfo presidencial de Vicente Fox; sin embargo, la idea de democracia quedó a medias gracias a que faltó voluntad política para transformar las instituciones.
—¿Los debates políticos se realizan hoy con sentimientos y no con argumentos?
—Sí. El movimiento de la información hacia los sentimientos produce que la democracia no sea tanto discutir el futuro sino manejar las emociones de la gente, lo cual genera un gobierno con élites que saben manejar las emociones de las personas.
“Por eso son importantes varias cosas: que las personas sepan distinguir lo verdadero de lo falso, en ese sentido, la mejor forma de combatir las famosas fake news es que las personas tengan educación suficiente para poder distinguir qué es verosímil y qué no. Eso se logra a través de la educación básica”, responde.
Si las personas tuvieran más capacidad para analizar datos, razonar y discutir en público, añade Oliveira, los procesos democráticos serían más ricos porque se podría prescindir, hasta lo posible, de los famosos especialistas.
“Hoy día tenemos un país de especialistas porque, por un lado, hay temas muy especializados, pero por otro, porque la población no está informada en lo más mínimo y no tiene la capacidad de entender lo que se discute”, señala.
Oliveira considera que se necesita educación para la democracia, es decir, que las personas entiendan que el debate público es un intercambio de argumentos y no es un pleito cualquiera, es la discusión sobre el futuro del país.
Otro tema que el escritor aborda en el libro editado por Jus, es la mala práctica de los debates públicos, ya que en el país, la tradición indica que deben ser debates de odio y denigración.
“Los políticos, y no nada más en México, han decidido que las campañas políticas son en realidad la venta de productos y entonces usan mercadotecnia y no les importa el debate público, sino posicionar una marca y venderla; por eso son capaces de hacer campañas basándose en mentiras, les importa un carajo mentirle a las personas que los están escuchando, les importa poco dar noticias falsas con tal de darle un golpe a tu enemigo”, apunta.
Lo primero que debería hacerse a un lado, indica, son las mentiras alevosas, aquellas que se dicen a sabiendas de que son falsas, con tal de manipular al electorado.
“Hay una virtud que defiendo: la de civilidad, la vida en común implica tratar a las personas de cierta manera, por supuesto no son tus amigos y nos los debes tratar como a tus familiares, pero sí les debemos un trato respetuoso,, porque es un miembro de tu comunidad. Por más que piense distinto a ti, no es tu enemigo a muerte, es tu adversario político, que tiene ideas distintas de cómo resolver los problemas que enfrentamos”.
Oliveira reconoce que los problemas de una sociedad como la mexicana son muy complejos y no tienen soluciones unívocas.
“Mentirá quien crea saber cuáles son las soluciones a todos los problemas porque eso es francamente imposible, por lo tanto, es importante darnos cuenta que para tomar decisiones difíciles siempre es mejor tomarlas en conjunto que permitir que algunos tomen las decisiones por todos”.
POBREZA Y CONSULTAS. Una de las formas de ejercer la democracia es la participación política, asegura L.M. Oliveira, pero ¿está el autor a favor de las consultas públicas?, la respuesta fue que sí, pero para asuntos fundamentales.
“Las cosas fundamentales no incluyen derechos, los derechos no se votan, se reconocen. Para votar derechos, por ejemplo, si las mujeres tienen derecho a interrumpir el embarazo o no, estoy en contra de una consulta eso lo tiene que reconocer una ley y no darle vuelta. Si se van a construir presas, se tiene que consultar la opinión de los que viven alrededor de las cuencas y para construir aeropuertos me parece importante escuchar la opinión de los ciudadanos”, declara.
La consulta que se está proponiendo, añade, debe estar bien planteada y no puede ser general, se debe de hacer después de haber informado los pros y contras del aeropuerto, hacerla sin información es un error.
—Escribes que la pobreza es uno de los principales problemas en el país...
—Las personas en México tiene muchos derechos reconocidos en la Constitución, pero aquellas que viven en pobreza no pueden gozar de sus derechos. Si viven a horas de una escuela pública tienen el derecho pero no la capacidad de gozar de ese derecho. La reducción de la pobreza implica necesariamente hacer que las personas que estaban en pobreza comiencen a gozar de derechos y eso es un acto de justicia y democracia.
