
El dramaturgo, actor y director de teatro Luis de Tavira (1948) reflexiona sobre el legado del Movimiento estudiantil de 1968, que terminó con la matanza del 2 de octubre y que hoy cumple 50 años.
En entrevista, Luis de Tavira califica como fundamentales a los cambios que se dieron tras el movimiento, sobre todo porque “pertenecen a la historia concreta de la sociedad mexicana en su aspiración de alcanzar la democracia pero que también pertenecen al movimiento de una generación en el mundo entero, es este gran sacudimiento que supuso la década de los 60 y que fue protagonizada por la conciencia empoderada de la juventud, en el momento de la posguerra y ante el establecimiento de la Guerra Fría y las opciones del proyecto de la modernidad”.
El dramaturgo comenta que a partir de 1968 se planteó de forma enérgica, el camino que debía seguir el mundo, además del planteamiento para una revolucionar en diferentes órdenes, como supuso la liberación sexual, la imaginación al poder y lemas como “Haz el amor y no la guerra”.
“Fue una generación indómita que transformó la conciencia social y provocó cambios. Hay que reconocer que no triunfó en su utopía, ni en el mundo ni en México, no hemos alcanzado la plenitud de la vida democrática en el país, pero hemos avanzado enormemente. El movimiento estudiantil nacido en el Politécnico y en la Universidad Nacional, enderezaron el camino hacia el fin de esa dictablanda del partido hegemónico, no lo consiguió de modo inmediato, pero sembró la aspiración de la lucha por alcanzar la democracia que es donde estamos todavía”.
“El 68 transformó la cultura mexicana, independientemente de si hay un teatro o una cultura específica del acontecimiento histórico”
Al reflexionar sobre lo subsecuente al movimiento estudiantil, Luis de Tavira trae a la memoria sucesos como el terremoto de 1985, donde hubo un surgimiento de solidaridad en la sociedad mexicana.
“Dicha solidaridad superó por mucho al gobierno y a las instituciones de la defensa ante el terremoto, fue un despertar de la sociedad solidaria ante la perplejidad de un gobierno que no supo qué hacer ante la crisis, que se pagó en las elecciones de 1988, donde ninguno nos reponemos de la sensación del tremendo fraude que supuso esa elección, que nos llevó a la exigencia de una necesidad en el cambio de la organización de las elecciones que estaban siendo controladas por el propio Estado. Todo ligado en el mismo discurso que empezó en 68, incluido el surgimiento de la revuelta de los indígenas zapatistas de Chiapas ante la entrada de México en el TLC”.
El dramaturgo mexicano enfatiza que es necesario analizar el Movimiento Estudiantil en su contexto mundial, pues al mismo tiempo, en diferentes partes del mundo, la generación de jóvenes tuvo gran importancia.
“Lo que pasa en la década de los 60 en el mundo es el surgimiento de un movimiento radical e importante, cuyas consecuencias aún no terminan. Miro con gran nostalgia a esa juventud indómita y utópica de los 60, frente a lo que ha venido sucediendo, hasta hace tres o cuatro años un nuevo despertar en la generación de los indignados, que son capaces una vez más de levantarse para expresar su rechazo. En México ha habido casos como la tragedia de Ayotzinapa, ahí surgió una vez más el levantamiento de los jóvenes que encuentran en estos normalistas la señal de la crisis, cambio e indignación para no tolerar lo que está sucediendo”.
De Tavira comenta que después de 1968 no hubo movilizaciones encabezadas por jóvenes hasta lo de Ayotzinapa, pues antes sólo estuvo una juventud que se caracterizó por lo que denomina como resignación y sonambulismo.
“Ahora veo con esperanza el momento de la juventud actual, sobre todo por aquellos que quieren incidir en un cambio en la vida social, no aquella que se fuga en el Facebook, Twitter y demás mundo virtual”.
El también actor indica que a raíz de 1968 sí hubo una renovación en el teatro mexicano, pero ¿dónde surgió?
“En la UNAM se dio el surgimiento del movimiento más importante de renovación teatral de nuestra historia reciente, que implicó, entre otras cosas, el establecimiento del concepto de puesta en escena, el de una nueva dramaturgia mexicana, de nuevas escuelas de formación y entrenamiento de los hacedores de teatro, también hubo un cambio en los espectadores”.
Consciente de que debe cambiar la perspectiva de la política cultural en México, Luis de Tavira comenta que otra de las cosas que debería de cambiar es la forma en la que se representa el Movimiento Estudiantil de 1968.
“La representación es muy escasa, sucede un poco como en el tema de la Revolución mexicana, hay mucho teatro sobre la Revolución, pero propiamente no hubo un teatro de dicho fenómeno, si acaso hubo un teatro de la Revolución, fue el del mal llamado del género chico de la carpa, el que se debatía la lucha política en los escenarios y hasta varias décadas después de que comienza a surgir un teatro preocupado por el hecho histórico de lo que eso implicó. En el 68 hubo dramaturgos y hacedores de teatro que hicieron teatro de modo inmediato, como Enrique Ballesté, quizá como el más emblemático del momento, quien hizo obras sobre el movimiento en 68 y 69. No hay una dramaturgia del movimiento, después comenzó a haber inquietud para tratar el movimiento como un hecho histórico de necesaria representación en el teatro”.
Luis de Tavira sostiene que más que sólo hacer referencia al Movimiento Estudiantil, lo que se debe analizar y sobre lo que se debe reflexionar es lo que produjo en la mentalidad de los creadores.
“Surgió una nueva generación de escritores, compositores, dramaturgos, directores, actores. El 68 transformó la cultura mexicana, independientemente de si hay un teatro o una cultura específica del acontecimiento histórico”.
