
La Conferencia Episcopal chilena se vio ayer obligada a salir al paso de las críticas y polémica que ha generado en el país un documento emitido por el arzobispado de Santiago de Chile con sorprendentes recomendaciones a los sacerdotes para su contacto con niños y adolescentes.
El documento, que ya fue retirado, lo firmó el cardenal Ricardo Ezzati, señalado por contribuir determinantemente al encubrimiento de los abusos sexuales del exsacerdote Fernando Karadima. De hecho, mañana miércoles Ezzati debe presentarse ante la fiscalía de O’Higgins para comparecer como acusado de encubrir abusos sexuales.
En el texto, Ezzati avisa a los curas que serán “conductas inapropiadas” el “dar palmadas en los glúteos, tocar el área de los genitales”, “acostarse o dormir con los niños” y “besar a los niños en la boca”.
El portavoz de la Conferencia Episcopal, el diácono Jaime Coiro, restó importancia al documento, recordando que el único documento oficial de la Iglesia católica en Chile sobre el tratamiento de los delitos de abuso sexual contra menores de edad y la prevención de los mismos, es el texto Líneas Guías “Cuidado y Esperanza”, del año 2015.
El revuelo generado por el documento llega en un momento de especial sensibilidad en Chile por los abusos sexuales por parte de curas, en el contexto del caso de Karadima. No sólo Ezzati debe comparecer mañana, sino que la semana pasada, el papa Francisco decidió finalmente expulsar oficialmente de la Iglesia católica a Karadima.
En junio, también el pontífice inició una investigación contra el obispo de Osorno, Juan Barros, por contribuir a encubrir a Karadima, lo que derivó en la renuncia de Barros al obispado.
Según un catastro publicado por la Fiscalía Nacional de Chile a finales de agosto, actualmente hay 119 investigaciones en curso contra 167 personas relacionadas con la Iglesia, imputadas, y 178 víctimas cuantificadas, 79 de las cuales era menores de edad cuando ocurrieron los hechos.
