
El Papa Francisco aprobó una reforma a la estructura del Sínodo de los Obispos, uno de los máximos órganos de consulta papal, mediante la cual los fieles de todo el mundo podrán ser más consultados sobre temas de actualidad que desafían a la Iglesia católica.
Esto quedó consagrado en la constitución apostólica “Episcopalis communio”, firmada por el pontífice el pasado 15 de septiembre, pero cuyo contenido fue dado a conocer este día por el Vaticano.
El escrito establece nuevas reglas para la estructura y operación del Sínodo de los Obispos, un ente creado tras el Concilio Vaticano II y que tiene como objetivo primordial servir de organismo consultivo para los obispos de Roma.
En el nuevo documento, Jorge Mario Bergoglio instó que el Sínodo se convierta cada vez más en un “instrumento privilegiado de escucha del pueblo de Dios” y aclaró que si bien está compuesto esencialmente por obispos, el mismo “no vive separado del resto de los fieles”.
“Él, al contrario, es un instrumento que sirve para dar voz al entero pueblo de Dios justamente por medio de los obispos, constituidos por Dios como auténticos custodios, intérpretes y testigos de la fe de toda la Iglesia”, siguió.
