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Alejandro Zambra prefiere la crítica literaria que explicita su arbitrariedad, que no trata de ser objetiva, que revela desde qué lugar habla y qué tipo de literatura prefiere. “De ese modo, logra ser más efectiva que escondiendo los prejuicios”.
El chileno nacido en 1975, considerado uno de los escritores latinoamericanos más talentosos, apuesta por una crítica honesta, en el sentido incluso de ponerse en duda a sí misma. “Me parece muy valioso el crítico que es capaz de no renunciar a la incertidumbre. Creo que una reseña tiene interés cuando te permite mirarte a ti mismo con un dispositivo antidogmático”.
En entrevista, el narrador que ayer conversó sobre el ensayo en el Hay Festival Querétaro, detalla a Excélsior esa etapa de su vida en la que escribió sobre literatura, a partir de 2002, y ejerció la crítica en diversos medios impresos según su concepción de este género.
No hago diferencia entre un buen crítico literario y un buen escritor. Incluso, disfruto especialmente cuando hay una escritura crítica atractiva. En general, la crítica centrada sólo en aprobar y desaprobar me parece un poco aburrida”.
El novelista, cuentista y ensayista, que vive en la Ciudad de México desde hace año y medio, publica el libro No leer (Anagrama), en el que reúne 67 crónicas y ensayos sobre literatura, confeccionados entre 2005 y 2017.
Explica que hizo crítica literaria a la manera antigua; es decir, semanalmente, sólo narrativa, siguiendo una pauta y sin elegir los libros. “Eso me costó muchísimo porque hay que tener una vocación de autoridad; no sólo condescender a hacerse cargo de ese lugar, sino querer ser una autoridad: aprobar, desaprobar, establecer tendencias”.
