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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impuso desde la medianoche de ayer una serie de sanciones que su antecesor, Barack Obama, había levantado a Irán tras el acuerdo nuclear de 2015.
Pese a que el propio gobierno estadunidense ha reconocido que Irán está cumpliendo con sus compromisos nucleares, el mandatario republicano sostiene que el objetivo de su castigo es “cambiar el comportamiento” de los ayatolás y forzarles a negociar un nuevo pacto que incluya cortar la ayuda a grupos armados chiitas que operan en Oriente Medio.
“Los individuos o entidades que no cancelen sus actividades con Irán corren el riesgo de sufrir graves consecuencias”, advirtió Trump, en alusión no sólo a las compañías estadunidenses, sino a las extranjeras, incluidas las otras potencias que firmaron el pacto con Irán, como Francia (con fuertes intereses en Irán), Gran Bretaña, Rusia, Alemania y China.
De no someterse Teherán a las nuevas exigencias de EU, que incluyen renunciar a financiar grupos chiitas armados, en la medianoche del 4 al 5 de noviembre, aplicará un embargo petrolero.
No al chantaje. La Unión Europea condenó el anuncio y advirtió que protegerá sus intereses en irán, mientras que el presidente Hasán Rohaní dijo que no negociará nada con Estados Unidos mientras someta a su país al chantaje de las sanciones.
