
Las historietas no sólo cuentan relatos cómicos o de superhéroes, también pueden narra episodios históricos de un país, así lo considera el ilustrador mexicano Augusto Mora, quien realizó la novela gráfica Grito de Victoria, donde cuenta las manifestaciones que en 1968, 1971 y 2012 organizaron jóvenes estudiantes para manifestar una mayor participación política.
“Me da mucho gusto que el género de la historieta de corte periodístico o cómic social se esté volteando a ver como una posibilidad narrativa. Me parece que hacen falta muchos autores que cuenten las cosas que pasan en México, es necesario abrir esas historias a través de la novela gráfica”, indicó el autor.
En Grito de Victoria editado por La Cifra Editorial, Augusto Mora une tres momentos políticos: la matanza del 2 de octubre de 1968, la matanza del Jueves de Corpus o El Halconazo y la manifestación en 2012 contra la toma de poder del nuevo Presidente.
“El tema principal del libro es la rebeldía. Todos en algún punto de nuestra vida hemos sentido inconformidad con algo, con nuestra familia, en la escuela y en este caso, es un hartazgo por un sistema que no les ofrece a los jóvenes claridad ni un futuro cierto, además de que les corta los medios de comunicación para expresarse. Es en ese momento cuando los jóvenes de este libro se unen para exigir sus libertades”, indicó.
Sobre los retos al hacer este tipo de novela gráfica, Mora destacó la labor de investigación documental.
“Por un lado, este tipo de historietas se parecen un poco a lo que sucede con el cine que aborda temas históricos: tienes que investigar en fuentes documentales la parte visual. En muchas ocasiones no encuentras documentos que respalden el trabajo que estás haciendo. En el caso de 1971 encontré fotografías, pero no se compararon en número con las imágenes de 1968, lo mismo sucedió con las películas y los libros que consulté”, dijo.
Algunos detalles que Mora tuvo que corroborar fueron, principalmente, el atuendo de los mexicanos durante el siglo pasado. “Tuve que ver cómo era la policía de ese entonces, cómo estaban uniformados, qué insignia tenían, qué usaban los jóvenes y cómo eran las calles de la Ciudad de México”.
Otro reto, añadió, fue encontrar la narrativa adecuada para que este tipo de historia no se vuelva aburrida, “porque a pesar de que no es una historieta con fines lúdicos sino informativos, tiene que ser entretenida. Eso es un reto porque de repente hay mucha información, recurrí a periódicos de la época y entonces tuve que seleccionar qué incluir y qué no”.
