
Soy una equilibrista milagrosa… El cómo lo hago es un misterio que todavía no me explico. Hago demasiado; todos los días juro que es el último día en que me multiplico de una manera tan enajenada y cada día tengo más que hacer que el anterior”, así explicaba María Luisa La China Mendoza en 1968 su inagotable actividad. Pero por mucho que se jurara, también sabía de su terquedad y empecinamiento para el trabajo.
Todavía el martes pasado, despierta a las cinco de la mañana, le preguntó a su sobrina Viviana qué podían hacer. La China había llegado al Hospital de Nutrición un día antes para realizarse unos estudios. A esa hora se puso a dictar su columna sabatina para Excélsior. La última que escribiría después de más de seis décadas de trabajo permanente, ya sea como novelista, cuentista o guionista, pero sobre todo como periodista.
A los 88 años de edad, la muerte interrumpió ayer su vida. El jueves por la tarde le sobrevino un paro respiratorio que obligó a los doctores a trasladarla a terapia intensiva. En la madrugada, alrededor de las 1:20 horas, la voz siempre puntillosa, sin compromisos, de La China Mendoza se extinguió.
Nació el 17 de mayo de 1930, en la reservada ciudad de Guanajuato, Guanajuato; integrante de una familia de cuatro hermanos, dos hijos y dos hijas, algo debió haber sucedido en su niñez que desde muy joven jamás dejó de trabajar y de hacerse escuchar.
Todavía quería hacer un libro. Tenía la idea y la necesidad de hacerlo, pero sus ojos no le ayudaban mucho. No se quería morir, ella todos los días me decía: ‘No me voy a morir verdad, no me quiero morir, tengo muchas cosas qué hacer’. A pesar de eso seguía fuerte y manteniendo ese ánimo que le caracterizaba mucho”, vuelve a recordar su sobrina, una de las cuatro que le sobreviven, junto con su hermana María Teresa.
La China Mendoza estudió Letras Españolas en la UNAM y decoración de interiores en la Universidad Femenina de México. Jovencita, con apenas 24 años, comenzó a trabajar como periodista. “En el periodismo es donde hizo una labor continua de toda la vida. Su vida se la dedicó al periodismo cultural (...) Para mí era como una hermana. Nos conocimos en la primaria, en la Universidad Femenina también estuvimos juntas, y luego en la crítica de teatro en las Asociación de Críticos”, recordó ayer la diplomática y escritora Marcela del Río.
Así también, como periodista, la recordó José de la Colina: “Era una excelente periodista, gran entrevistadora. Alguna vez tuvimos algún percance en esa amistad, pero siempre fue una excelente periodista”.
A Mendoza tocó fundar, entre otros medios, la revista La mujer de hoy y el periódico El Día; pero sus colaboraciones alcanzaron infinidad de publicaciones en Cine Mundial, El Gallo Ilustrado, El Sol de México, El Universal, El Zócalo, Fin de Semana, Novedades, Revista Mujeres y, por supuesto, Excélsior; su última casa editorial que hoy publica también su última columna.
