
Nacho Vegas se perdió los dos juegos de España en el Mun¬dial. No los vio. Coincidieron con los shows de bienvenida de su nuevo disco Violética. Ambos cotejos le agüitaron el inicio de la nueva etapa, por¬que asistió menos público del que tenían en mente.
Injusticia para un álbum que tardó cuatro años en ges¬tarse, pero nada de qué alar¬marse. El Mundial pronto acabará, deseando lo mejor a España y México, y sus nue¬vas canciones florecerán aún más con sus frutos de des¬concierto social, historias de inmigrantes, desapariciones, asesinatos, amor, guerra civil, corrupción y esperanza.
“La gente tenía la idea de que en España se vivía una democracia liberal y muy co¬rrecta, pero llevamos 30 años con una corrupción estructu¬ral y sistemática, y gracias al empoderamiento de la gente se han sacado a la luz temas que no están en portadas de los diarios: problemas de vi-vienda, racismo estructural, los centros de entrenamiento para extranjeros y refugiados.
“Para ustedes en Latinoa¬mérica la migración es un fe¬nómeno latente en el norte. Me di cuenta hablando con latinos de que, a pesar de que están viviendo situaciones más duras, que en Europa, hay conexiones con el ciclo neoliberal, que lo que hace es generar desigualdad y abrir la brecha entre clases y generar más pobreza, odio y violen¬cia”, dice en entrevista con Excélsior el gijonés.
Tanta es la coincidencia entre los problemas de Lati¬noamérica con los de España que Nacho descarta confusión entre los fans de este lado, ya que sus temas señalan pro¬blemas locales, como el de Samba Martine y Mohammed Boudebala, dos inmigrantes africanos que fallecieron mis¬teriosamente en los Centros de Internamiento Extranjero, en Crímenes cantados.
La huída de dos guerrille¬ros antifascistas de las tropas del dictador Francisco Franco (Corazón helado) y el interro¬gatorio a un dele¬gado del gobierno, amigo del rey, que ha promovido la represión y la dis¬persión de manifes¬tantes con balas de goma, prohibidas en España (Tengo algo que decirle).
“Se justifican bajo el miedo de que esas movilizaciones pacíficas se conviertan en los cambios sociales y a que se les acaben los privilegios del po¬der. Ese miedo hace que usen el terror y la represión. Así que se han creado leyes para que la gente no pueda denunciar a un policía que lo maltrate.
