
António Lobo Antunes confiesa, a sus 75 años, que cada vez se hace menos preguntas, que ya no busca nuevas fórmulas en la literatura, que tiene pocas certezas y que sólo cree en él, “y eso no es malo”.
En su casa de la capital lusa, tapizada de libros, pinturas y dibujos, el narrador portugués —candidato desde hace mucho tiempo al Premio Nobel de Literatura— afirma que escribir es escuchar con más fuerza. “Y si escuchas con fuerza, a veces consigues. Es un oficio de paciencia. En el arte no hay milagros. Los que hacen las cosas buenas son los que trabajan más”.
De muy buen humor y con un grato recuerdo de México, donde hace diez años recibió el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, el narrador ofrece en exclusiva a Excélsior una larga sesión sin prisas, en la que evocó las ciudades de América Latina que ha recorrido en compañía de sus amigos escritores.
“Yo no busco nada al escribir. Espero que venga el milagro, unas veces llega, otras no. Cada vez me hago menos preguntas. Creo que ya no soy más el autor de lo que escribo. Me dictan”, afirma en relación con su proceso creativo.
El médico y siquiatra de profesión se ha empeñado en “decir unas cosas por otras, esperando a que te comprendan. No puedes ser evidente en lo que dices. Tienes que tener una humildad muy grande, por bueno que sea tu trabajo”.
Considerado el autor vivo más importante de Portugal, Lobo Antunes encabeza la lista de los 42 escritores lusos que participarán en la edición 32 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, a realizarse del 24 de noviembre al 2 de diciembre de este año en la capital jalisciense, en la que el país ibérico es el invitado de honor.
“Literatura es una palabra muy fácil de decir, pero qué cosa es, eso es más difícil de explicar. Nunca he pensado en cuál debe ser el papel de los escritores en la sociedad actual. Escribo lo que puedo”, agrega.
El autor de Memoria de elefante (1979) y El archipiélago del insomnio (2010) añade que cuando escribe no piensa en quién lo lee. “Si piensas en el lector, tu libro será una mierda. A veces los lectores son unas putas, te pegan, te largan, te olvidan”.
Quien participó en la guerra de liberación colonial de Angola (1970-1973), tema que ha sido recurrente en su literatura y que marcó para siempre su vida, afirma que aún tiene “pesadillas con eso”, que desea vivir tranquilo y ha apostado por la belleza y el erotismo. “Mis días son como los de cualquier otro, normales, sencillos. Trabajo mucho. No tengo computadora ni celular, ni tarjeta de crédito. Soy libre. Tengo el dinero en los bolsillos”, detalla.
Amante del fado y el tango, del fútbol y el box, “aunque del primero ya no tanto”, el autor de Acerca de los pájaros y Exhortación a los cocodrilos se siente orgulloso de ser portugués. “Soy una mezcla de tantas sangres; brasileña, alemana, portuguesa. Pero me gusta mi país, por eso vivo aquí”.
Y otra ciudad en la que podría residir sin problema, acepta, es Guadalajara, en México. “Es una maravilla. Me quedé con ganas de comprar una casa ahí, porque es todo tan barato y es una urbe tan tranquila, no hay peligro, la comida es tan buena, hablan un español tan dulce y las mujeres son hermosas”.
Destaca que también le fascina la música mexicana, que la sabe cantar. “Pero no puedo seleccionar sólo una cosa. Lo escojo todo”.
