
El escritor Ignacio Ramírez (1818-1879), mejor conocido como El Nigromante, fue durante el siglo XIX el primero en abogar por la enseñanza bilingüe en las escuelas, luchó desde el Congreso para que las mujeres tuvieran acceso a la Universidad y fue el poeta que a sus 19 años de edad exclamó en un acto público que Dios no movía al mundo.
A 200 años de su nacimiento, los discursos que este pensador liberal pronunció para la formación de la Constitución de 1857 serán recuperados por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) en el libro Ignacio Ramírez y el liberalismo social mexicano.
“Ramírez estuvo a la vanguardia en la defensa de las libertades del pensamiento y también de los indígenas. Su padre era mestizo y su madre indígena, entonces hizo una gran defensa de los pueblos originarios exigiendo que se legislara a su favor, que se respetara su lengua, sus tierras y sus usos y costumbres”, comenta en entrevista Patricia Galeana, directora del INEHRM.
El Nigromante, añade, también hizo una defensa de las mujeres. “Señalaba que ellas pasaban por tres etapas: cuando nacían esclavas, cuando eran liberadas por sus esposos y cuando se liberaban por sí mismas. Es decir, fueron ideas novedosas y aunque tuvo el apoyo de liberales radicales, no todas quedaron plasmadas en la Constitución del 57”.
Sobre el libro que el INEHRM alista, Patricia Galena explica que reunirán las participaciones de Ramírez en dicho Constituyente, porque fue uno de los oradores más importantes.
“Hicimos una selección de lo que publicó Francisco Zarco sobre los debates, material que no está al alcance del público porque no se ha hecho ninguna reimpresión desde hace muchos años y la mejor forma para que las nuevas generaciones conozcan nuestra historia, es leyendo a los grandes personajes que hemos tenido”, indica.
UN FEMINISTA. Una de las cualidades de Ignacio Ramírez fue su honestidad, opinó Liliana Weinberg, investigadora por El Colegio de México y biógrafa del autor bicentenario. Ejemplo de esa congruencia, la también crítica literaria la sintetiza con una anécdota:
“Ramírez muy pobremente vestido con ropa humilde llegó a tomar un tren y el jefe de la estación le dijo: no puede subir a este tren porque no se admiten mendigos. Entonces Ramírez sacó una credencial que lo habilitaba como secretario de estado, se la mostró y le respondió: soy funcionario de gobierno, no mendigo para mí, mendigo para mi Patria”, narró Weinberg.
