
La identidad fue la constante y el asunto central en la vida de la bailarina estadunidense Victoria Ellis (1909-2006), quien desarrolló su vocación en México, país al que llegó en 1924, donde no sólo dio singular vida a piezas de danza popular, sino que formó a diversas generaciones de bailarinas.
De padre afroamericano, esclavo en Texas, y madre de ascendencia inglesa, Ellis—una de las primeras bailarinas del México posrevolucionario—, se sentía mexicana, se colocaba pelucas negras para aparentar serlo y bailó para una treintena de películas de la llamada Época de Oro del cine nacional.
“Fue una bailarina anglo-afro-mexicana-estadunidense durante la construcción de una nación recién desgarrada por la Revolución”, comenta en entrevista la investigadora Patricia Aulestia, quien acaba de publicar, en coautoría con Mitchell Snow, el libro Victoria Ellis. Bailarina cósmica, edición de autor que recupera la vida y la obra de esta mujer que logró vivir de la danza de 1924 a 1964.
“Ella ayudó a inventar un sentido de ‘lo mexicano’ con sus interpretaciones del Jarabe tapatío y La Sandunga. Su carrera como bailarina es un espejo que refleja el nacimiento y el desarrollo de la danza teatral mexicana”, afirma Aulestia.
Estrella de la academia de danza de Lettie Carroll, “escuela privada que formaba en esta disciplina a las niñas ricas y bellas de la época” y que llegó a tener dos mil alumnas, Vicky fue condiscípula hacia 1927 de Gloria y Nellie Campobello, conocidas entonces como las Hermanas Campbell.
“Era algo especial, no sólo por ser mestiza, sino porque bailó, junto con la compañía de ballet de miss Carroll, en diversos foros: en teatros de todo el país, antes de que se inaugurara el del Palacio de Bellas Artes; en cines, entre película y película; en fábricas de cerveza, clubes nocturnos, estadios, en desfiles de moda. Pero siempre recibieron un trato respetuoso y trabajaron de manera digna”, agrega la especialista.
