
Un pintor surrealista de la nueva ola que no provoca escándalos, un poeta que aburre por simplón a los hablantes de español, la solterona que secuestra a su novio imaginario o el culthoróscopo que augura a los géminis no devolver los libros prestados, son algunos de los personajes inventados por Carlos Monsiváis (1938-2010) en su columna El consultorio de la Doctora Ilustración (Ph.D.) que se publicó de 1974 a 1984 en el suplemento La Cultura en México, de la revista Siempre!
Hoy, esas columnas se recopilan por primera vez en el libro El consultorio de la Doctora Ilustración (Ph.D.), con un prólogo e ilustraciones de Rafael Barajas, El Fisgón.
“Hace muchos años existió una publicación de nombre La novela semanal en donde se contaba una historia para señoras y al final había una sección que se llamaba La doctora corazón, ahí las señoras escribían para pedirle consejo a la doctora de que si el marido le ponía los cuernos o que si no le daba gasto; entonces ella les daba un consejo. De ahí surgió la idea de Carlos Monsiváis de crear a la Doctora Ilustración”, comenta Juan Guillermo López, editor de Malpaso.
Entonces, el formato que tuvieron los textos del cronista fueron: un remitente con nombre elocuente como Vástago fiel pero asustado o Belleza clásica que no parpadea pidiendo un consejo y una breve respuesta de la Doctora Ilustración.
“Carlos Monsiváis fue un detector de los defectos del mexicano, del político, del escritor y del intelectual porque somos muy ridículos y al mismo tiempo, muy temerosos. Carlos detectó eso y creó personajes, por ejemplo, un poeta al que no le llega la inspiración o un pintor que va a las galerías y nadie lo saluda. Tomó los arquetipos de la vida cultural y política mexicana para retratarlos con una vena irónica tremenda”, señala el editor.
La intención de la editorial Malpaso de recuperar estos textos, indica López, es mostrar a un Monsiváis joven y humorístico. “Era maravilloso el Carlos maduro por crítico y porque tenía la ironía en la punta de la lengua, pero el Carlos joven era verdaderamente estupendo”.
Este trabajo de recuperación contó con la colaboración de becarios de la Universidad del Claustro de Sor Juana, quienes hicieron la transcripción de las columnas. “Ya que tuvimos los textos con la autorización de los primos de Monsiváis nos dimos cuenta que eran muchísimos, entonces seleccionamos textos por temas y tipo de personajes”.
El ejercicio con los becarios, añadió el editor, le permitió darse cuenta que la escritura de Monsiváis conserva un vínculo con los jóvenes. “Me dio mucho gusto escuchar que los jóvenes cuando estaban en el silencio sepulcral de la editorial, de repente soltaban la carcajada, quiere decir que Carlos realmente sigue teniendo esa conexión con los jóvenes”.
