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De chiquito, Gustavo Arana se pegaba lo más posible al televisor para ver los partidos de los galácticos del Real Madrid. Quería grabarse los movimientos de un mago que vestía de blanco y bailaba con el balón en los pies: Zinedine Zidane. Arana tiene retinosis pigmentaria, una enfermedad que afecta la capacidad de la retina para responder a la luz, y sabía que con el tiempo esas imágenes terminarían por convertirse en sombras, en recuerdos.
Hoy, ese niño es el delantero de la selección mexicana de débiles visuales que viaja a Madrid para disputar la Copa del Mundo de la especialidad, que se celebrará del 7 al 17 de junio.
“De niño, por ahí del 2002, veía todavía un 15 por ciento, entonces me pegaba lo más posible a la televisión para ver a Zidane, quería aprender a jugar como él, quería alguna vez estar en una Copa del Mundo y ser campeón como él lo fue”, narra Gustavo Arana.
“Nací con retinosis pigmentaria y poco a poco fui perdiendo la vista; ahora ya sólo veo sombras y algunas luces”, cuenta.
Arana viaja con otros 10 compañeros a la Copa del Mundo que se jugará en Madrid, después de conseguir el boleto al Mundial tras quedar en cuarto lugar de la Copa América que se celebró en Chile, en 2017. Será el debut de México en esa competencia.
