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La comunicadora y novelista Sofía Segovia está de visita en la Ciudad de México para presentar y dialogar con la prensa sobre su tercera novela Peregrinos (Lumen, 2018). Luego de El murmullo de las abejas (2015) y Huracán (2016): dos fabulaciones aclamadas por los lectores y con muy buena recepción por parte de la crítica especializada, la escritora originaria de Monterrey regresa con un relato basado en hechos reales, que es un sorprendente retrato de las rutas cruzadas de un destino, de una ilusión y de un azaroso reencuentro bajo acechanza de la pérdida, el hambre y la muerte.
Un terruño a punto de disolverse (Prusia, separada de Alemania) y dos familias, los Schipper y los Hahlbrock, se ven obligadas a la expedición del éxodo, acosadas por las incidencias sangrientas de la segunda Guerra Mundial. Dos niños: Ilse y Arno, son los protagonistas de una novela emocionante que subraya el afán de los seres humanos de descubrir una plaza dónde proyectar la nueva vida después de escapar del horror.
“No he escrito una novela histórica. Me interesaba contar la historia de Ilse y Arno. Me obsesionaba la crónica de Prusia, separada de Alemania, y las promesas de un líder que nunca se cumplieron. Fue un trabajo de investigación arduo, pero más que todo, de un encuentro desde la memoria con los hechos y los azares de dos familias y de un pueblo en una emigración forzosa por los horrores de la Segunda Guerra Mundial”, comentó en entrevista con La Razón, Sofía Segovia.
¿Por qué esta nueva novela que se regodea entre la ficción y los hechos históricos? Sí, es una novela de ficción, inspirada en hechos reales. Todo lo que se narra se puede verificar en los libros de historia. Pero, me interesaba, el acontecer de estos dos niños —Ilse y Arno— y sus familias en un recorrido en busca de la sobrevivencia. El azar confirma la voluntad de estos dos protagonistas en el exilio, en el destierro; muchos años después.
¿Cómo llegó usted al origen de este relato? La versión real de los hechos me la contó Ilse Hahlbrock en Monterrey, México, en donde Arno Schipper y ella decidieron residir para vivir, tras un contrato que le ofrece Casa Madero, el viñedo más antiguo de America, a Arno como técnico supervisor, en los años 60. Arno siempre fue reservado, no hablaba de su peregrinaje. Ilse se abrió y me lo contó todo: yo lo convertí en novela.
