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Era 1993. Pedro Pineda golpeó con los tachones en el rostro de Hernán Cristante y el portero del Toluca salió con el pómulo roto. El argentino, que apenas había llegado al Toluca, enfureció, y en el vestidor golpeó un vidrio que le costó otra lesión en el brazo. Ahí, antes de ser figura de los escarlatas, aprendió a controlar su carácter. Ahora lo hace desde el banquillo con un plantel repleto de jugadores explosivos.
“Fuimos a jugar un partido contra las reservas nacionales, que en ese entonces entrenaban en Coapa. Recuerdo que ese día le tiraron a Pedro Pineda un balón largo y salió Cristante a disputar la pelota. Pedro le levantó el pie, lo conectó en la cara y le fracturó en varios pedazos el pómulo. En los vestidores, Hernán golpeó un vidrio por el coraje y se rasgó el brazo. Cristante se repuso muy bien, aprendió a controlar su carácter y pronto recuperó la confianza”, cuenta Alberto el Flaco Macías, excompañero de Cristante con el Toluca.
Veinticinco años más tarde, el exportero es el encargado de dirigir un plantel que cuenta con jugadores con antecedentes de indisciplina.
Uno es Ángel Reyna, quien regresó del Ascenso y en varios de sus equipos tuvo problemas con sus compañeros; Sambueza es otro que tenía fama de ser indisciplinado dentro de la cancha y que acumulaba varias expulsiones; Luis Quiñones y Leonel López llegaron al Toluca después de que en sus exequipos fueron castigados por no respetar el reglamento interno.
A todos, Cristante les dio una nueva oportunidad y la recompensa podría ser un título.
