
Hurgar en el mundo de los sueños, de las sombras, de las insinuaciones y de los silencios. Eso es lo que le fascina a la escritora argentina Luisa Valenzuela (1938), quien considera que “es el momento de defender seriamente a la ficción, porque ésta puede ser una verdad que trasciende”.
En la antesala de sus 80 años, que cumplirá el próximo 26 de noviembre, la narradora que escribió su primer cuento, Ciudad ajena, a los 17 años ratifica “el poder de la ficción” en un mundo que, al vivirse en tiempo real, abre la puerta a las noticias falsas, a la inmediatez y al olvido.
“La ficción dice mucho sobre la realidad. Creo que la realidad que vivimos cotidianamente está inmersa en una dosis de ficción. La realidad literaria es aquella que trascenderá lo fáctico para acceder a un mundo casi difícil de ser dicho”, afirma en entrevista con Excélsior la autora de Novela negra con argentinos y 25 libros de ficción pura.
Vía telefónica desde Buenos Aires, la novelista, cuentista y ensayista está convencida de que “la realidad literaria es una forma de la verdad muy profunda, donde hay una sinceridad emocional, porque en última instancia la verdad es múltiple. Nadie tiene toda la razón, la literatura no da respuestas, sino que abre cuestionamientos, se abre a la reflexión”.
Éste es el tema de la conferencia que impartirá la autora de las novelas Hay que sonreír (1966) y Realidad nacional desde la cama (1990) el próximo viernes 20 de abril, a las 10:15 horas, en la explanada del Centro Cultural Universitario, en la inauguración de la X Fiesta del Libro y la Rosa de la UNAM.
“Lo curioso es que en este mundo, en el que nos dan tantas cosas en tiempo real, estamos viviendo una gran mentira; en el fondo nos engañan diciéndonos lo que queremos oír”, agrega la también periodista.
“Necesitamos a la literatura para derivar el sentido de las cosas, porque, si no, la realidad carece de sentido: no entendemos por qué nos pasan las desgracias, hacia dónde vamos, de dónde venimos. Las grandes dudas filosóficas son constantes, no tenemos respuestas”, añade.
Para quien ha vivido largas temporadas en París, Barcelona, Nueva York y México, “la literatura nos va señalando caminos de indagación, de reflexión, que son distintos para cada lector. Cada quien se apropia del libro que lee y va captando cosas únicas, sentidos, ritmos, ondas profundas que nos llevan a mundos de comprensión. Ésta es la palabra”.
La autora de El gato eficaz y Cuidado con el tigre piensa que, en última estancia, los escritores no inventan gran cosa. “Todo está ahí de alguna manera, es cuestión de echar una mirada a las sombras, a los pensamientos laterales. Hay que hacer una literatura que abra puertas, que te permita atisbos de otros mundos interiores. Hay que creer en el poder de la ficción”.
Quien ha explorado en la palabra escrita durante más de 60 años dice que la forma de ejercer este oficio va cambiando de libro en libro. “El concepto general posiblemente sea el mismo, pero lo que más me conmueve es el asombro. De dónde vienen las historias, aún me sigo preguntando en dónde nacen las historias que parecerían estar escritas antes en alguna parte. Cada título es una aventura nueva, porque crees que ya olvidaste cómo debe escribirse”.
