
La película documental La Libertad del Diablo del director Everardo González es una reflexión sobre los diferentes niveles de violencia que, pese a convertirse en un tema tabú, son una realidad para millones de personas en México.
A través de una serie de relatos se describen diferentes contextos donde la impunidad, la injustica y la verdad salen a la luz, desde la perspectiva de víctimas y victimarios.
“Fue una decisión que me llevó mucho tiempo tomar y me parecía muy relevante porque es una cara que, creo, tenemos que escuchar hoy, además de escuchar, por supuesto, a las víctimas. Me parece que es muy importante, porque estamos en un momento coyuntural en México, que nos va a llevar a discutir conceptos tan complejos como el de la justicia”, comentó Everardo González, en conferencia de prensa.
Respecto a las declaraciones de los victimarios dentro del filme, éstas no pretenden justificar las acciones cometidas, pero sí buscan ampliar el panorama empático del público, para crear una conciencia social más informada sobre las diferentes posturas y vertientes que se viven bajo los contextos en los que estos personajes se ubican.
“Me he dado cuenta de que, efectivamente, muchos de los que ejecutan actos de violencia en este país, no sólo desde el sicariato sino desde las supuestas fuerzas del orden, de haber nacido en una sociedad distinta tendrían un presente también muy distinto, mucho más alentador y creo que era muy importante escuchar a todos esos que de alguna manera también nacieron del lado equivocado” declaró el director.
“Por supuesto, esto fue consultado con las víctimas, yo quería saber si ellos necesitaban escuchar este lado también y cuando me dijeron que sí, pensé que valía la pena hacerlo, mucho más allá de sólo por el hecho de hacer una película”, explicó.
Cada participante en la narración porta una máscara usada comúnmente por personas que sufrieron quemaduras en el rostro; la intención de utilizar este elemento, más allá de salvaguardar la identidad de quien relata, fue la de no generar prejuicios respecto a rasgos faciales, tonalidades de piel, ni otras características que podrían ubicarlos en ciertos estereotipos.
“Algo que yo intenté en un país tan profundamente desigual como el mexicano, a través de la máscara, fue romper con ese estereotipo que nos han dicho todos los medios, prácticamente, de lo que es la cara de la verdad”.
