
Este año se cumplen los 100 años del nacimiento del pintor Ricardo Martínez (México, D.F, 1918-2009).
Martínez fue una de las personalidades más significativas en el arte mexicano del siglo XX; es curioso, sin embargo, que hasta hoy su obra no haya alcanzado el reconocimiento que merece fuera de nuestro país.
En parte, ha corrido la suerte dé otros artistas de su generación, pues en la puesta al día de nuestro conocimiento de las diversas propuestas estéticas contemporáneas, aún quedan muchos senderos por recorrer.
Deben recuperarse, en electo, propuestas fundamentales del arle mexicano [tara las que, en muchos casos, el contacto con Estados Unidos y Europa lite determinante en algún momento de su trayectoria.
Las aportaciones de Ricardo Martínez a la pintura mexicana “moderna” son representativas de lo anterior.
Han contribuido a transformar el concepto pictórico en sí, y a recuperar un pasado prehispánico cuya estética parecía haber llegado a un punto muerto: fue el inspirador, en la sombra, de lo que pudo haber sido la “nueva pintura mexicana”.
Asimismo, durante los años sesenta, los años de aprendizaje y confirmación de su obra en Estados Unidos, la comunidad artística de Nuera York fijó por entero su atención en la poderosa personalidad, el ingenio y la inagotable inventiva del joven pintor.
Conoció de cerca las vanguardias americanas y europeas, estudió la obra de Roben Motherwell, William Baziotes, Jackson Pollock. Arshile Gorky, Franz Kline v, sobre todo, de algunos artistas latinoamericanos empeñados en sobresalir más allá de sus fronteras. En definitiva, Martínez, llegó a ser una de las piedras angulares de América Latina en ese viaje de “ida v vuelta” que realizó la pintura mexicana.
Marchó a Europa y, después de una mutación casi alquímica, a fuerza de sostener un diálogo interminable con la pintura, regresó unos años después a México transformado.
En esta transformación de espectador a pintor de un pasado deslumbrante, hubo momentos decisivos. En el principio fue la fascinación por el México antiguo: la escultura, los códices, la literatura, y la pasión de un pueblo por dejar registro de su memoria. Enseguida, se sucedieron la interacción entre naturaleza, arte y ciencia; el descubrimiento del tiempo-espacio y las dimensiones de la figuración v la poética que esconde cada cuadro que se pinta. Temas, por otra parte, muy extendidos en todo el ámbito de las al artes y, de manera muy especial, entre los artistas europeos.
